viernes, 26 de mayo de 2023

CRÓNICA DE LA FAMILIA GRIMM por Rudolf Henry Grimm

 

  

 

 

CRÓNICA DE LA FAMILIA GRIMM

 

Rudolf Henry Grimm

*28-02-1886 + 22-06-1970

 


 

EPÍLOGO a modo de PRÓLOGO

 06-03-67 

            Esta crónica familiar surgió de la propuesta que me hiciera mi sobrino Erwin Grimm, único hijo de mi hermano Hans, fallecido en 1966, que tenía un año más que yo y con quien me crié. 

            Con motivo de la  Navidad de 1966, Erwin me escribió una carta en la que me decía que su padre no había dejado datos sobre el origen de la familia u otros. Me preguntó: “¿sería posible que aún pudieras empezar ahora?”. No quise ni pude rehusarme en memoria de mi último hermano. Así es que empecé a escribir el 27-12-66. 

            Los caminos de los hermanos se separaron pronto, pero yo seguí escribiendo. Eviten juzgar si fue correcto revolver el pasado con algunos recuerdos poco gratos. Pero quizá nuestros hijos y nietos tengan derecho a saber de dónde vinieron sus padres o sus antecesores y cómo se abrieron paso en el país extraño que se convirtió en su hogar. 

            Yo no hice grandes cosas en mi vida. Las aristas negativas de mi naturaleza y mi carácter superan a las positivas. No se si puedo responsabilizar de ello a mi herencia o es efecto de cierta deformación. 

            Hay dos circunstancias que influyeron sustancialmente mi vida: en primer lugar, que el destino me hiciera emigrar de mi vieja Patria, pues después de dos guerras mundiales seguramente descansaría bajo la hierba en alguna lugar del ancho mundo; en segundo lugar, que me haya casado con Frieda Klüver – o ella conmigo- a la que todos le debemos infinita gratitud. 

La crónica familiar se ha convertido en una confesión, una profesión de fe; un confesor no critica.

                                 “Este fue un hombre

                                   y eso significa ser un luchador”.

 

Fdo. Rudolf Henry Grimm

*28-02-1886, en Hamburgo

+22-06-1970, en Acassuso

 

Acassuso, 06 de marzo de 1967


CRÓNICA DE LA FAMILIA GRIMM 

CAPÍTULO 1 

27-12-66 

            Los GRIMM proceden de HAARBERG[1], vivían en una “Kate” (palabra de origen germánico, cabaña de un pequeño agricultor (Kleinbauer) o jornalero) con techo de paja, una quinta de verdura con frutales y 2 a 3 Ha de tierra que estaba situada junto con una escuela comunitaria en una zona boscosa, entre Grebenhagen[2] y Lebats[3] y éstas entre la parroquia de CURAU[4] y la ciudad con mercado AHRENSBÖK[5], en dirección a Lübeck[6] –Eutin.[7] 

            El abuelo GRIMM era un hombre de estatura mediana, rechoncho, a quien recuerdo haber visto una sola vez: era otoño y yo había ido con mi padre por algunos días a Haarberg, a la cosecha de manzanas. El abuelo contó, muy orgulloso, que con sus botas (de caña corta) había pasado de la copa de un árbol a otra. Era techista, por lo que se suponía que no se mareaba, lo cual no impidió que se ahogara en el “agujero de agua” (Wasserkuhle). El campo estaba tan drenado que toda el agua fluía hacia la “Kuhle” (expresión del norte de  Alemania, agujero, pozo). Después que sucediera esto, se cavó un pozo junto a la casa (Kate) y se encontró agua a los 3 o 4 metros. 

La abuela GRIMM era una mujer más bien pequeña y delicada, pero vivaz y trabajadora. Era mi madrina, por lo que no era raro que fuera a menudo y con gusto a Haarberg. 

Su primer hijo fue RUDOLF Friedrich . Una vez me contaron que de chico cuidaba las vacas. Según lo que me dijo la abuela, había descripto de manera muy hermosa su partida de Haarberg, atravesando el campo muy verde y oyendo el gorjeo de los pájaros…. pero hacia dónde? No lo sabemos. Se convirtió en nuestro padre, pero era de naturaleza muy reservada. Yo estaba convencido que había ido a un seminario en Segeberg, pero mi hermano Hans me escribió una vez que un pastor que era de la familia, del que nada sabemos, lo había educado. Tampoco me acuerdo lo que decía la lista de maestros que consulté en Hamburgo. Sabemos solamente que apareció como maestro en Hamburgo. En oportunidad de mi visita a Alemania en 1952, nuestras primas de Brammstedt me regalaron una fotografía de mi padre con sus alumnos. Además, había sido maestro de nuestro amigo Willy Oetken, casado con una prima segunda de Oma, Else Blumenthal. 

28-12-1966 

            Mi padre tenía hermanos: mi tío HEINRICH, del que tengo pocos recuerdos: mi padre lo visitó una vez conmigo en una finca o hacienda en Ahrensburg, si mal no recuerdo sobre la línea férrea que une Hamburgo y Lübeck, donde administraba la granja (del latín major(em), del que también deriva el francés maire; tambo). Más tarde lo visitamos a él y a su familia en Bremfeld[8]. Entonces se dijo que había recorrido el campo vendiendo telas y otros artículos con lo que consiguió cierto bienestar, ya que en 1952 poseía una casa propia en Brammstedt[9].  Tenía 90 años y vivía con sus dos hijas. Contó que había dado dinero a nuestro padre por la casa de Heitmannstrasse 14, pero que en la guerra había sido destruida. Tampoco sabemos nada de esto. Ya no podía comer solo: una de sus hijas, Mite (?) le daba de comer. Sus hijos trabajaban en Hamburgo. 

            Mi padre también tenía una hermana[10] cuyo nombre no recuerdo. Estaba casada con August Kibbel y este era chofer en la fábrica de máquinas Hutter de Wandsbek, cerca de Hamburgo, donde ocupaba una casa de la empresa. El hijo de este fue compañero mío en la escuela secundaria[11] de Uhlenhorst, un barrio de Hamburgo. En 1952, una noche lo quise visitar, pero no lo encontré, por lo que resolví visitar al primo Kibbel en Wandsbek. 

El más joven de los hermanos era el tío August, un alma de Dios en todo sentido. Era albañil de profesión, muchas veces trabajaba en lugares alejados. El domingo volvía a su casa. Mi padre y yo lo llevamos una vez de Stockeldorf, cerca de Lübeck, hasta su casa. Después de la muerte del abuelo Grimm se quedó en Haarberg y cuando se casó, se transformaron las dependencias anexas a la era (superficie apisonada para trillar cereales) en una vivienda para la pareja, mientras que la abuela hizo uso de su derecho de usufructo[12] y se mudó a una pequeña habitación y un dormitorio frente a la cocina. Me acuerdo muy bien de cuando mi joven tía Auguste llegó a Haarberg. Tuvo dos hijos: Willi, que en 1952[13] vivía en Lebatz y era carpintero y Otto, que en 1952 ya ocupaba Haarberg[14], mientras que la tía Auguste ya vivía en la vivienda que le correspondía en usufructo porque el tío August murió poco tiempo después de jubilarse. Descansa en el cementerio de Ahrensbök, muy cerca de la tumba  de los abuelos[15], mientras que hace algunos años, tía Auguste pudo celebrar sus 90 años con absoluta lucidez. Recibimos un recorte de un diario con su fotografía sacada en Curau, mandamos felicitaciones atrasadas y recibimos una carta personal de agradecimiento. 

07-01-67 

HAARBERG: En el documento genealógico aparece Haarberg por primera vez en relación con:

Nº 12  padre de Nº 6: Grimm, Friedrich Rudolf (nuestro padre), Grimm,

Hinrich Wilhelm, nacido el 27-07-1832 en Haarberg, cerca de Grebenhagen,

hijo de (24) Hans Heinrich Grimm y de

(25)  Maria Cristina Burmann;

Religión: de 12: evangélica luterana, de 24: (idem), de 25: (idem)

Asentado en la parroquia de Ahrensbök, Actas 1532/5 927/Nº.57

Legalizado por el Registro Civil Nº 21b de Hamburgo, fallecido el 28-05-1896 en Haarberg, cementerio de Ahrensbök.

Nº 24  Hans Heinrich Grimm, agricultor en Haarberg cerca de

 Grebenhagen

            Nº 25  Maria Catharina Burmann

                        nacida el 22.7.1858 (?) en Eilstorf,

hija de Detlev Hinrich Burmann (o Buhmann) y de Margaretha Otto (o Christina Margaretha)

Parroquia de Pronstorf, registro 1808 Nº 67

El matrimonio de los nombrados fue celebrado el 27.5.1829 en Ahrensbök,

Certificado por la Parroquia de Ahrensbök, Reg. 1929 pag. 183, Nº 10 vta.. Documento genealógico de la familia GRIMM.

            o          Maria Christina Burmann

Según extracto de la partida de nacimiento o de bautismo (de su hijo (Nº 12) Hinrich Wilhelm Grimm) Ahrensbök, clase 1832, pag. 927, Nº 57, según certificado otorgado en Bad Schwartau, el 31-1-1936 por la sección parroquias de la iglesia mayor de Eutin en Bad Schwartau, firmado Paasch y sellado por Iglesia Evangélica Luterana mayor de Lübeck, Estado Libre de Oldenburgo, Sección Libros Parroquiales;

o          Maria Christina Bumann, según el extracto de la partida de casamiento de su hijo (Nº 12) Hinrich Wilhelm Grimm) de fecha 29-4-1856: Curau, 26-4-1834, certificada por el Pastor N. Zietz

o          El matrimonio de Nº 12 Hinrich Wilhelm Grimm y de Anna Magdalena Höppner de Cashagen se celebró el 5-4-1856 en Curau, asentado en la parroquia de Curau, Registro Nº 1856, pag. 119, Nº 5 según el documento genealógico de Liese-Lotte Grimm de Meissner. 

50)      Detlev Hinrich Buhmann, nacido el 9-1-1787 en Tankarade (Sch. Holstein), hijo de Hans Hinrich Buhmann

y de Catharina Becker de Elsebe (o Elsabe), asentado en la parroquia de Pronstorf, Registro Nº 1787, Nº 7

y de Christine Margarethe Otto, nacida el 11-11-1786 en Strockdorf, hija natural de padre desconocido y de Anna Maria Otto, asentado en la parroquia de Pronstorf, Registro Nº 1789, Nº 73.

El matrimonio de la mencionada fue celebrado el 17-3-1806 en Pronstorf (Sch. Holstein), asentado en la parroquia de Pronstorf, Reg. Nº 1806, Nº 5. 

Faltaría aclarar:

si Hans Peter Buhmann, Tankenrade (Parroquia de Pronstorf, padre de Hans Buhmann, Techau

y de Kathrin (Catharina Dorothea) Buhmann, Curau, nombra de casada Klüver)

y Detlev Hinrich Buhmann, Tankenrade

son de la misma familia

(ya sea como hijos de Hans Hinrich Buhmann y de Catharina Becker de Elsebe (o Elsabe) o de una generación anterior o posterior, para poder determinar si existe un parentesco entre los Klüver y los Grimm y en qué grado. 

A este respecto resulta interesante que mamá Klüver solía contar que desde Tankenrade iba a la escuela de Haarberg, donde la abuela Grimm dictaba clase de manualidades y cuando lloraba su primer hijo (nuestro padre) se lo daba para que lo acunara. 

10-01-1967

            Haarberg tenía su techo de paja como la gran mayoría de todas las casas de los campesinos. Naturalmente que este techo de paja era peligroso en caso de tormenta, lo que se agravaba porque a continuación de la casa y junto al camino hacia el horno estaban los altos manzanos. Para prever este peligro, el lado que miraba hacia atrás, donde había un desván con otras  camas y debajo estaba la habitación de estar y los dormitorios, se había revocado. Por la misma razón la mayoría de los habitantes guardaban todas sus pertenencias en grandes arcones colocados en la antecámara. Cuando había relámpagos, los arcones eran arrastrados al exterior con caballos. En Haarberg también había dos de esos arcones, pero no podría decir cómo podían ser arrastradas al exterior, ya que no poseían caballos. Cuando se desencadenaba una tormenta de noche, todos debían levantarse y permanecer en el living. Cuando dejaba de llover, el tío August salía con nosotros, los varones, para recorrer un trecho del camino donde se podía apreciar el contorno y me acuerdo muy bien haber visto dos y hasta tres incendios en medio de la noche oscura. En esas ocasiones contábamos entre el relámpago y el trueno para saber si la tormenta se acercaba o se alejaba. Nadie volvía a la cama hasta que el peligro haya pasado. 

            La entrada a Haarberg pasaba entonces por el gran portón del granero (galpón) en el que se había colocado una puerta que daba directamente a la era. A la derecha seguía el establo de las vacas y las dependencias, con una máquina picadora de forraje y las reservas de forraje, mientras que los recintos enfrentados fueron mejorados lentamente para convertirlos en habitaciones de la casa.  La era no tenía techo y daba acceso al depósito de granos y al henil que estaban en el desván. En invierno se bajaban una cantidad de gavillas de trigo o centeno, se distribuían sobre la era y se trillaban con el látigo de trillar o mayal. Me acuerdo claramente que junto con mi padre y el tío August –no se si había otra persona ni quien era- golpeábamos el látigo de trillar acompasadamente. Luego, el trigo se juntaba con una escoba y la paja vacía volvía al desván. 

11-01-1967 

            Después de la era seguía una antecámara, donde a derecha e izquierda había sendos grandes arcones y se colgaban los jamones, los tocinos y las butifarras ahumadas (Mettwurst) cuando venían del ahumadero. Detrás de uno de los arcones arrancaba la escalera que subía al lado de atrás, donde había dos camas. En invierno eran heladas y se necesitaba un buen rato para entrar en calor debajo de los grandes edredones de pluma. Es que también solíamos ir a Haarberg en las vacaciones de Navidad, algunas veces papá y yo, otras mi hermano Hans y yo. Me acuerdo muy bien de un viaje con mi hermano Hans en el que llevamos, entre otros, una pequeña carretilla y tardamos bastante tiempo hasta que nuestras manos que estaban congeladas volvieran a entibiarse. Seguramente los guantes se consideraban un lujo y tampoco hubieran mantenido el calor en el largo camino desde Stockelsdorf, rodeando el cerro y pasando por Dakensdorf. 

De la mencionada antecámara se pasaba a un espacioso comedor y living con dos ventanas que daban a las grosellas (Johannisbeeren) y al jardín de atrás.  Había una gran estufa[16].  Desde la misma antecámara, a la izquierda, se llegaba a la cocina que tenía una cocina de fuego abierto y una campana para el humo. 

De la cocina se pasaba a una pequeña habitación esquinada y living con dos ventanas que daban a ambos lados y de esta habitación se accedía a un dormitorio. Debajo de la cama de madera con un borde bastante alto se guardaban las papas (Kartoffelkuhle: pozo para papas). La cama propiamente dicha estaba rellena de paja que se cubría con una sábana de tela basta de hilo. Esta parte de la casa la usaba la abuela, era la que le correspondía en usufructo y cuando era niño, en las vacaciones, dormía allí con ella. 

A la salida de la cocina estaban las grosellas o se seguía a lo largo de la casa hasta el chiquero –los cerdos solían ser el orgullo de cualquier campesino. El camino doblaba al llegar a los grandes árboles de manzana y pasaba junto a los arbustos de grosellas espinosas (Stachelbeeren) hacia el horno. Los habitantes de Haarburg horneaban su propio pan, redondas hogazas de pan de centeno, cada cuatro semanas y cuando se había terminado de hornear el pan, se secaban ciruelas y manzanas, según la estación. Cuando al cabo de cuatro semanas el pan empezaba a tener moho, nadie se incomodaba, simplemente se cortaba la parte mohosa. 

El tío August y la tía Auguste eran personas muy trabajadoras y austeras. En aquél tiempo todavía se trabajaba todo el campo. Siempre encontraban un campesino que les araba y rastreaba la tierra; alternando los cuadros sembraban trigo y centeno, forraje y papas. Tío August guadañaba y tía Auguste iba detrás atando las gavillas que luego se paraban en grupos. Nunca era tan sabrosa la leche del jarro de cerámica como durante la cosecha. Varios otoños ayudaba a sacar las papas hasta que venía la abuela con la pipa y decía: “Pará un poco Rudolf, prendeme la pipa primero” (dialecto: (“Hol man op, Rudolf, steck die man erst mal die Piep an”). 

12-01-1967 

Pero en Haarburg se comía bien; particularmente el llamado “segundo desayuno, más o menos a las 9,30 - 10 me parecía una ceremonia sagrada: huevos pasados por agua, blandos o fritos con panceta, jamón, la mejor Mettwurst (butifarra ahumada), queso, además de la mejor manteca, leche y café. ¡qué más podía desear el corazón y el estómago! 

            A mediodía se volvía a comer, específicamente a la vieja usanza, con un gran plato de cerámico sobre la mesa. Primeramente, las papas –y la gente del campo entienden algo de papas-, encima la verdura y la panceta frita con abundante salsa (Tunke) y cada uno comía con su tenedor. 

            Qué más podría recordar y contar de Haarberg: con respecto a “papas” Magnum borum, papas fritas con huevo, papas “Rosen” (antigua variedad de papas) para los cerdos. Se cocían en un recipiente grande y se pisaban con un pisapapas de hierro. Se acompañaba con cereal molido grueso, suero de manteca, forraje picado y cardo picado que la abuela recogía en la carretera. Por lo tanto no era extraño que el jamón, el tocino y las butifarras ahumadas fueran el orgullo de la dueña de casa. Además, a menudo, sino todos los días, la abuela llevaba la vaca a pastar a la carretera. El ternero se vendía 2 o 3 días después de haber nacido. A pesar de ello, la vaca daba leche por la costumbre de siglos. En  cambio aquí, donde los bovinos están en grandes tropas, la vaca generalmente no da leche o la retrae si no tiene ternero al pie o se acerca a mamar periódicamente. 

            Si bien nací en Hamburgo, Haarberg encarna para mi el concepto de Patria, la comunión con la tierra de la Patria de nuestros mayores. 

            Sin querer, también resultó decisivo para mi vida futura: Un verano toda la familia estaba allí y se dio que un domingo fuimos caminando a Curau, pasando por Dakendorf, a visitar a la familia Klüver  Mamá Klüver nos había visitado una vez en Hamburgo, algún grado de parentesco debía existir. Inesperadamente se presentó el Dr. Ernst Riedel, hijo del pastor de Curau, quien enseñaba francés e inglés en nuestra escuela en Hamburgo. No pudo dejar de meter cizaña y dijo que entre mi hermano Hans y yo, siempre era “el otro” quien recibía el castigo, pero no contó que su autoridad ante la clase estaba tan menoscabada que corría a sus alumnos con la regla. Después de este incidente llegó Frieda desde la casa del pastor, para saludarnos. 

            Debo considerarlo destino o como propensión emocional, no podía dejar de pensar que tenía que ser mi mujer.  Podrá provocar risa, porque yo no tenía más de 14 años, pero no se pueden negar los hechos. No puedo seguir recordando este asunto porque con esta página cierro el capítulo dedicado a Haarberg y me traslado a Hamburgo.

 

CAPÍTULO 2

 

14-01-1967 

Nuestro padre, Rudolf Friedrich Grimm vuelve a aparecer como maestros de escuela pública en Hamburgo, probablemente entre St. Pauli y Heiligengeistfeld. Uno de sus colegas era Carl Stemmler, casado con Emma Wink. Es muy probable que nuestro padre haya conocido a través de esta pareja a Minna Wink, hermana de Emma y se haya casado con quien después fue nuestra madre. 

            Al abuelo Wink no lo recuerdo. Solamente me acuerdo que el día de su entierro estaba parado delante de la puerta de la reja de la Osterstrasse en Eimsbüttel y admiraba la multitud de carruajes. 

            Según contaba más tarde nuestra abuela, tenía la empresa de tornería más importante situada en Stadthausbrücke (puente del ayuntamiento). Después de la muerte del padre seguramente pasó al hijo mayor, al que tampoco recuerdo con claridad. 

            La abuela Wink también era mi madrina. Vivía en una casa con jardín en la Osterstrasse, ya era bastante anciana y se sentaba preferentemente en un sillón grande junto a la ventana que daba a la calle. Generalmente estaba ocupada con su bolso (Geldkatze: especie de media de cuero que se enrollaba en la cintura para guardar dinero) y contaba las monedas de oro. Era propietaria de una casa de departamentos con patio y si mal no recuerdo, la administraba el arriba mencionado Carl Stemmler. Dependía de la ayuda de una empleada que ocupaba una habitación del sótano. Yo solía ir de visita, trabajaba en el jardín delantero y trasero (que tenía hermosas plantas de frambuesa y grosella) y en esos casos dormía en el primer piso. La abuela llegó a los 90 años, aunque ya tenía que permanecer en la cama. 

            Tenía una buena cantidad de hijos: el mayor que ya mencioné más arriba, casado (tía Therese), tenía una hija, Olga Wink, quien se casó con un ingeniero naval de la Ost-Afrika-Line y un hijo, Albert Wink, que estudió y se recibió. Fue alistado en los últimos días de la Primera Guerra Mundial a pesar de ser muy corto de vista y murió por la Patria. 

            Gustav Wink, en mi tiempo representante general de Schlesische Feuerversicherung (Compañía de seguros de incendio de Silesia), vivía en la Averhoffstrasse, cerca de la Mundsburgerbrücke (puente de Mundsburg) y tenía muy buen pasar. Estaba casado (tía Hermine) y su segunda hija, llamada Peter, se casó con Ludwig Klüver y  en un momento de obnubilación emocional se tiró al canal (Fleet:) desde el balcón de su residencia oficial en el puerto de Hamburgo. Le dejó a su esposo dos hijos: Lulu y Hansel Klüver. 

            Todavía falta Hermann Wink, un outsider que en nuestro tiempo tenía un comercio de muebles en la Hamburger Strasse, en Barmbeck: era un antisemita empedernido, politiquero, le hubiera gustado ser miembro del consejo de gobierno Hamburgo. Vivía en el primer piso, sobre su negocio, donde lo visité una vez. Se había casado tarde o por segunda vez, tenía a su pequeño hijo sobre un almohadón sobre la mesa y le decía todos los logros que debía obtener, sobre todo, entrar en el consejo de gobierno de Hamburgo (Senat). 

 

14-01-1967 

Tía Adolphine, casada con Andreas Bobsin, tenía una hija, Else, quien más tarde casó con un carpintero y fabricante de muebles, Zürner. Vivían a los pies de la iglesia de Sta. Catalina. 

            El tío y la tía vivían en Grindel, frente a una gran pista de ciclismo, donde hasta donde se, tenían una gran chalet o departamento. 

Tía Emma, casada con Carl Stemmler, tenía un hijo llamado Walter que trabajaba en los tribunales y una hija que recuerdo haber visto en su confirmación.           

Minna, la menor, nuestra madre, parece haber sacado la peor parte con sus muchos hijos, por lo que la abuela Wink le daba algunas monedas de oro de vez en cuando. Pero, ojo que no se enterara tía Emma, ya que en cuestiones de dinero aún los hermanos suelen tener pocas pulgas. 

            La familia Wink era bastante grande y numerosa. El 2. día de Navidad, en el cumpleaños de la abuela, etc. se reunía toda la familia alrededor de la gran mesa, en la Osterstrasse, en Eimsbüttel. 

            La anciana abuela Wink tenía muchos cuentos del viejo Hamburgo: de la peste, cuando las víctimas fueron amontonadas y cubiertas con cal y tierra en lo que luego fue el jardín zoológico para formar el Pesthüger (colina de la peste). Cuando un buen día se perforó la colina desde arriba, salió una nube blanca, de manera que se prefirió volver a tapar el agujero de inmediato; del gran incendio de Hamburgo (1842), durante el cual muchos amontonaron su pertenencia en lanchones, hasta que fuegos fatuos (luces malas) en forma de velas empezaron a danzar sobre los mismos e inmediatamente todo el lanchón se incendiaba; del gran frío invernal que les permitía recorrer el Elba en trineo hasta Blankenese; que las papas se les helaban en el living, junto a la estufa y similares. Que el Alster se congelaba y se liberaba, que se armaban grandes carpas delante de la Lombardsbrücke donde se servía Met (bebida de tipo vino, de miel fermentada), que se podía pasar por debajo de la Lombardsbrücke y pasar a la Binnenalster. Eso lo comprobamos mi hermano Hans y yo viniendo con el trineo desde el Isebeck-Kanal  y sólo teníamos que desviarnos por tierra en el ferry de Uhlenhorst, porque el ferry se mantenía limpio de día y de noche. Esto indicaría que antes los inviernos eran más fríos.

 

15-01-1967 

Del Documento Genealógico de Lise-Lotte Meissner, única hija de nuestra hermana Paula 

6.         Padre de 3 (Paula Grimm). Apellido: GRIMM; Nombre: Friedrich

Rudolf, según certificado de matrimonio, nacido el 24-06-1857 en Haarberg, Holstein , hijo de (12) Heinrich Wilhelm Grimm y de (13) Anna Magdalena Höpner,

                        Religión de 6: evangélica luterana; de 12 idem; de 13 idem

                        Inscripto en el Registro Civil de Hamburgo Nº 2, Registro Nº 1884

                        Legalizado por el Registro Civil Nº 21b de Hamburgo

            Fallecido el 30-11-1918 en Hamburgo 22, Hoitmannstrasse 14,

Registro 1918/1891 

6.(y 7) El matrimonio con Minna Christine Auguste Wink fue celebrado el

21-05-1884 en Hamburgo.

Profesión y domicilio: maestro, Hamburgo, Carolinenstrasse 29, Casa C

Religión de 6: evangélica luterana; de 7 idem

Inscripto en el Registro Civil Nº 2 de Hamburgo, Registro Nº 1184/633

Legalizado por el Registro Civil Nº 21b de Hamburgo.

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14.         Padre de 7. Apellido Wink; Nombre Johann Philipp Adam

Nacido el 02-03.1813 en Ipstein (o Ep(p)stein, Taunus),

Hijo de (28) Wilhelm Wink

            Y de (29) Christine Plöcker

Religión de 14: evangélica luterana, de 28 idem, de 29, idem

Asentado en la parroquia de Epstein, Registro Nº 1813,

Legalizado por el Registro Civil Nº 21b de Hamburgo,

Fallecido el 01-05-1889 en Hamburgo, Osterstrasse 24, Eimsbüttel

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15.         Madre de 7: Apellido: Levers ; Nombres: Sophia Rudolphine Henriette,

Nacida el 13-07-1820 en Hamburgo,

Hija de (30) Georg Hinrich Levers y

de (31) Ilsabe Margarethe Grell

Religión de 15, evangélica luterana, de 30 idem, de 31, idem

Asentado en la parroquia St. Michaelis, Reg. Nº 1820, Hamburgo Nº 734, página 74

Legalizado por el Registro Civil Nº 21b de Hamburgo

Fallecida el 24-03-1911 en Hamburgo, Osterstrasse 52 (?), Eimsbüttel. 

14 y 15. El matrimonio de los mencionados se celebró el 20-11-1842 en

Hamburgo, St.Nicolai

Profesión y domicilio: talabartero, Hamburgo, St. Pauli, Fischerstrasse 21, planta alta.

Religión de 14: evangélica luterana, de 15, idem

Asentado en la parroquia de St. Nicolai, Hamburgo, Reg.1842 (Nº 64-654)

Legalizado por el Registro Civil 21b de Hamburgo 

NOTA:            Como se aprecia, el abuelo Wink vino de otra parte (del Taunus), en cambio la abuela Wink y toda su familia eran viejos pobladores de Hamburgo, según el Documento Genealógico mencionado más arriba.

 

16-01-1967 

Por lo tanto, según el extracto del Documento Genealógico de Liese-Lotte  Meissner, nuestros padres se casaron el 21-05-1884 e informaron como domicilio, Carolinenstrasse 29. 

Mi hermano Hans nació en 1885 y en sus documentos debe figurar el domicilio de entonces; 

            Rudolf Henry Grimm nació en 1886, según la partida de nacimiento en Neue Rosenstrasse 62, cerca de Sternenschanze, Jägerstrasse).           

            De allí volvemos a encontrarnos en la Henriettenstrasse, que corre paralela a la Osterstrasse, en Eimsbüttel, es decir muy cerca de nuestra abuela. Compruebo en el documento genealógico que el abuelo falleció en 1889, es decir que yo tenía 3 años cuando lo enterraron. 

Mis primeros recuerdas están ligados a la Henriettenstrasse. Vivíamos en una planta baja con un pequeño jardín delantero y jugábamos con tierra, con pequeñas palas de hierro fundido pintadas de verde esmeralda. Me acuerdo que estando allí, un día me fui por mi cuenta a tomar el tranvía: quería ir al centro. Me crucé con mi padre que volvía a casa desde la escuela quien me llevó de vuelta. 

            En 1925 volvía ver la Henriettenstrasse, el viejo edificio con el comercio de forraje en el patio, todo estaba igual. En 1925, Gerhardt Oetken, hermano de Willy Oetken vivía enfrente. 

            Volvimos a mudarnos de Eimsbüttel una vez más. ¿Fue a la Hegerstrasse..?. En dirección al canal Isebeck había un gran terreno baldío donde una vez vivaquearon soldados. Los jóvenes de los alrededores solían cazar o cavar en busca de topos. 

            Me acuerdo una vez que estábamos los tres acostados, con sarampión, en una gran habitación en ángulo: quiere decir que el tercero, mi hermano Otto ya había llegado y había crecido. 

            Tiene que haber sido en ese tiempo que fui por primera vez a la escuela de la Osterstrasse porque me acuerdo muy bien que todos los grados estaban formados en el gimnasio. Se nos presentó el primer gramófono: uno de los maestros leyó un texto frente al aparato, que fue grabado en un cilindro. A continuación, el cilindro reprodujo el texto con ayuda de una aguja, a través de un gran embudo. Había nacido el gramófono. 

            Es interesante comprobar cómo los primeros recuerdos de la infancia siempre se aferran a ciertos acontecimientos. 

16-01-1967 

            Desde allí volvimos a mudarnos, esta vez a Eppendorf (o era esa la Hegestrasse). La casa de departamentos doble con patio y otras viviendas estaba directamente a orillas de canal Isebeck, muy cerca de los galpones del tranvía y junto a la puerta de salida hacia Ohlsdorf. 

            Este domicilio está ligado a muchos recuerdos: el más importante es sin duda el cólera de 1892, cuando mi padre vino de la escuela con mi hermano Hans y dijo que las fronteras estaban cerradas, nadie podría salir de Hamburgo. Se había hablado de que deberíamos ir a Haarberg, pero el peligro de contagio era muy grande. Así fue como pasamos el tiempo del cólera en Hamburgo. Ya éramos cinco, Paula, la cuarta ya estaba crecida y Minna, la quinta también había llegado y para colmo estaba enferma “del agua”. 

            Justamente estaba leyendo en el Diccionario de Conversación de Meyers, edición aniversario 1902-1908 bajo “hidropesía” y me puedo imaginar la preocupación de nuestros padres. A pesar de todo, lo superó. Dado que ya no podíamos salir de Hamburgo, solamente podíamos beber agua hervida, no debíamos tocar los pasamanos de las escaleras y similares. Como vivíamos en la calle de salida hacia Ohlsdorf, veíamos salir los carros con cadáveres durante el día y más tarde nos contó el maestro que en el centro se colgaban banderas blancas en el exterior de las casas para que a la noche vinieran a recoger los cadáveres y los llevaran a Ohlsdorf. Acabo de leer en el Diccionario de Meyers que desde el 16 de agosto hasta fines de octubre enfermaron 16.956 personas de las cuales murieron 8.605. 

            De aquél tiempo es interesante que a raíz de la proximidad de los galpones del tranvía se realizaran allí las primeras obras y ensayos con el tranvía eléctrico. La gente se paraba y contemplaban el milagro. Había nacido “el eléctrico” (die Elektrische). La terminal del tranvía que iba a Ohlsdorf estaba muy cerca. Se usaban coches de dos pisos con un tiro de dos caballos. 

La razón de nuestras diferentes mudanzas dentro de Hamburgo debe buscarse en el hecho que nuestro padre sufría de los nervios y por prescripción médica se le concedía licencia, una vez en la montaña (Selva Negra, Oberhof) y una vez junto al mar. Cuando volvía, su puesto había sido ocupado por otro y por lo tanto se le asignaba otra escuela. Así fue que nos mudamos de Eppendorf a Barmbeck, donde la salud de nuestro padre se estabilizó más o menos. Entre tanto habíamos superado la edad de “renacuajos”, por lo que cierro aquí este  segundo capítulo de la crónica y empiezo mañana el tercero dedicada a Barmbeck.

 

CAPÍTULO 3 

17-01-1967 

            Nuestro padre había sido trasladado a la escuela pública de la Bachstrasse, en Brambeck (creo que así se llamaba, estaba al lado del cuartel de bomberos). Según tengo entendido, ya no cambió más de escuela. Encontramos una vivienda en la Volksdorferstrasse, casi esquina Hamburger-Strasse, en el 2. piso a la calle, frente al Viktoria Park (restaurante con jardín), en Brambeck, donde vivimos bastante tiempo. 

Mi hermano Hans y yo fuimos a la escuela pública de la Oberaltenallee (la misma que aparece en el viejo cuento hamburgués) que corría paralela a la Hamburger-Strasse. Allí “cobré” por primera vez, con todas las de la ley, con el puntero del despacho del director, cuaderno de castigos, etc. Porqué, no me acuerdo: seguramente por insolente. 

            Sin embargo, no nos quedamos mucho tiempo porque nos cambiaron de colegio, a la Realschule [17]de Eilbeck, y nos pusieron a Hans y a mi en el tercer curso (Sexta). Fuimos buenos alumnos hasta que el director de la escuela escribió una carta a mi padre medio año antes del examen aprobatorio de la escuela media solicitando que sacara a mi hermano Hans de la escuela porque no estaba preparado para el examen final. Nuestro padre se puso furioso y se quejó de que apenas medio año antes del examen se pretendiera, después de cinco años y medio de escolaridad, que sacara al muchacho. Cuando se le entregó además un certificado con la monserga acostumbrada “sus maestros lo acompañan con los mejores deseos para su bienestar futuro”, mi padre agarró el certificado y lo devolvió pidiendo que se obviara ese trámite ya que lo consideraba una burla. 

            En todo este asunto el más razonable fue nuestro maestro del curso, Dr. Bätjer, una persona estupenda que había acompañado su curso durante cinco años y medio y conocía a cada uno de sus alumnos.  Le dijo a Hans: “En este penoso asunto ya no se puede modificar nada. Ahora aprendes cerrajería en forma práctica, de noche vas a la escuela industrial como corresponde, haces tu examen de Oficial. Luego vas a la Escuela Politécnica de Hamburgo, haces tu servicio militar de un año (Einjähriges) como voluntario y consigues así tu acceso a Universidad Tecnológica”. Y así fue. 

            Este ejemplo demuestra lo que un buen maestro de curso puede ser para un alumno y lo que puede hacer por él. Es necesario haberlo vivido: no cualquier maestro es un educador ni tiene autoridad frente a su clase. El Dr. Bätjer sólo necesitaba mirar a su clase, en caso extremo daba unos golpes con la mano abierta sobre su escritorio y nadie se movía. En cambio, el Dr. Ernst Riedel que mencioné anteriormente, corría a los chicos con una regla. ¿Cómo es posible que los jóvenes evolucionen de esta manera?. 

17-01-1967 

            Entre tanto teníamos cinco años y medio más y antes que siga hilando la madeja, tengo que agregar algunos comentarios: cuando se venía de la escuela “pública”, de Barmbeck y para colmo de la “calle pueblerina popular, el padre sólo era un “maestros de la escuela estatal” y nuestra ahorrativa madre nos remendaba los fondillos de los pantalones, ya se entraba con el pie izquierdo a la Realschule. Lo mismo le pasó a Willy Oetken en el Johanneum[18] Quienes no eran hijos de una familia de comerciantes importantes o de un senador (miembro del cuerpo colegiado que gobierna cada una de las ciudades libres y hanseáticas) estaban en desventaja desde el principio. Las distintas escuelas, la escuela pública, la escuela secundaria para acceso a escuelas técnicas (Realschule), la escuela secundaria similar a la Realschule con enseñanza de lenguas clásicas (Realgymnasium) para la docencia, el bachillerato humanístico (Gymnasium: escuela secundaria humanística con lenguas clásicas y acceso a la universidad) no solamente fijan, desde el principio, una orientación y capacitación, sino que en un estado libre oligárquico como es nuestro viejo Hamburgo favorecen es espíritu de castas que no conocemos aquí, donde todos van a la escuela primaria con guardapolvo blanco para cubrir todas las diferencias sociales; sobre la base de la escuela primaria sigue la secundaria que termina con el bachillerato y sobre la cual se basan todas las escuelas especiales y universidades. Quienes necesiten saber griego y latín para su carrera, lo aprenden en la facultad. 

Es digno de hacer nota que nuestros padres se esforzaron para que todos estudiaran algo y que además de ello querían ahorrar y construir algo. Esto era fuente de conflictos. Una vez exterioricé mi deseo de aprender a nadar y mamá consideró que “la escuela ya es suficientemente costosa”. Entonces no existía deporte popular como ahora, porque cada deporte era exclusivo. En lugar de desarrollar el cuerpo con la natación, nos podíamos ahogar tranquilamente con nuestra sapiencia escolar. 

            En cambio aprendimos a bailar por deseo expreso de mi madre y gran disgusto de nuestro padre. Las clases de baile se daban dos veces por semana, a la noche de 9 a 11, justo enfrente, en el Viktoria Park, que tenía un lindo salón a lo largo de la Hamburger Strasse. Cuando el reloj se acercaba a las 11, mi papá ya empezaba a mirarlo: si acompañábamos un trecho a nuestras compañeras de baile por la Hamburger Strasse y nos atrasábamos 10 o 15 minutos en llegar a casa, enseguida ardía Troya. ¿Para qué todo eso? Lo que se quiere es una cosa, lo que se debe es otra. ¿Qué hay de un desarrollo armónico de la relación entre los jóvenes y la casa paterna? 

18-01-1967 

            En ese tiempo también cayó nuestra confirmación, con el Pastor Rebattu, seguramente descendiente de hugonotes y conocido librepensador. La casa parroquial con sala de confirmación estaba cerca de la plaza del mercado en Brambeck  y predicaba en la iglesia de Sta. Gertrudis junto al Kuhmühlenteich, donde fuimos confirmados. ¡Apenas teníamos la altura de quesos del suelo y llevábamos pantalones largos y sombrero de confirmación!. Los tiempos cambian y cambian las costumbres. El dueño de nuestra casa me regaló el pequeño libro de Eichendorff “De la vida de una “bala perdida”  (Aus dem Leben eines Taugenichts) – nomen est omen, el nombre es un profecía, decían los antiguos romanos, el hombre me había calado… 

            Así fue que se separaron nuestros caminos: mi hermano Hans dejó el colegio, entró de aprendiz con un cerrajero y nuestro padre tenía que pagarle para que el maestro cerrajero le enseñara. A la noche iba a la escuela industrial. A los tres años, si mal no recuerdo, tenía que hacer su examen de oficial cerrajero. Entonces pasó al astillero de Blohm & Voss y más tarde al politécnico de Hamburgo. 

            Yo seguí en la escuela y aprobé mi examen final. Sin embargo, debo admitir que esta habilitación –como se la llamaba- para solicitar el servicio militar de un año como voluntario era muy modesta. 

            ¿Y ahora, qué? Fui a la escuela normal (forma candidatos para la docencia) para averiguar si tenía cabida. Pero el señor director me rechazó, la enseñanza de los planes de estudio era tan voluminosa que no creía que yo pudiera con ella. 

            Así fue que entré a la escuela secundaria superior (sin lenguas muertas) (Oberrealschule) de la Uhlenhorststrasse. Nuestro maestro de curso, el maestro (de escalafón superior) Hering, capitán de la reserva, un tipo extraordinario, enseñaba inglés, francés y gimnasia. Sus clases de gimnasia siempre empezaban con una canción de gimnastas. El Prof. Dr. Grimsahl, teniente de la reserva, también una magnífica persona, dictaba matemáticas y física. También dictaba clases prácticas de física para maestros en las que me incluía muchas veces. También escribía trabajos técnicos y muchas veces me pedía que leyera las pruebas. No se de dónde sacaba el coraje. También teníamos clase de religión o ética y moral con un Pastos que no podía ejercer su ministerio porque tenía muy poca voz, por eso trabajaba de maestro. Sus clases eran muy interesantes, quizá quería dar fuerzas a sus alumnos para enfrentarse con la lucha de la vida diaria. 

18-01-1967 

            Química era una porquería, porque si un maestro no sabe entusiasmar a sus alumnos por su materia, no se pueden esperar frutos. La clase de alemán, que daba el Director Rautenbusch, tampoco era del otro mundo. Luego, cuando resulta que la clase no está debidamente preparada (reif), según mi modesto parecer, los alumnos tienen menos culpa que los maestro que no supieron aprovechar toda las capacidades de un material humano receptivo de entre 15 y 18 años. Como ya dije antes, el maestro que no puede interesar a sus alumnos, erró la profesión.

 

Con respecto a química: el Dr. … no nos era simpático y era pedante.

 

El Dr. Grimsahl nos contó una vez que mientras estuvo bajo bandera había inventado el largavista de tijera, pero que como estaba de servicio no había podido cosechar las ventajas de su invento.

 

            Mi hermano Hans me contó en 1925 que su profesor del politécnico de Hannover había hablado despectivamente de Grimsahl y/o de sus alumnos. Yo debería haber roto lanzas inmediatamente por él, porque no es posible deducir la capacidad del maestro de los conocimientos del alumno. En su honor debo mencionar aquí que al declararse la guerra se presentó inmediatamente a su superior, el Sr. Consejero Escolar Brütt, y se despidió. Brütt trató de apaciguarlo, le dijo que la escuela y los jóvenes aún esperan mucho de él. Sin embargo no pudieron retenerlo, se alistó y partió inmediatamente hacia Bélgica. Murió por la Patria en el asedio de Lüttich. Su cuerpo fue llevado a Hamburgo, fue velado en la escuela y toda la escuela se despidió de él en una ceremonia emocionante.

 

            Con respecto al maestro superior Hering, recuerdo que nunca empezaba una clase sin leer con recogimiento o recitar de memoria un párrafo del Nuevo Testamento o de su breviario.

 

19-01-1967

 

            En la escuela secundaria superior (Oberrealschule) se desarrolló en mi una considerable predisposición para las matemáticas, particularmente para el cálculo diferencial y cálculo de integrales.  La consecuencia fue que para hacer las tareas escolares siempre se me aparecían tres, cuatro o cinco compañeros en mi casa. Una vez, no pudimos resolver un problema entre todos y cuando a la mañana siguiente se lo dijimos a Grimsahl nos contestó simplemente: “¿Porqué no me vinieron a ver. Vivo en la Averhoffstrasse Nº XX en el piso X.?” Así ocurrió que un buen día efectivamente cinco de nosotros nos presentamos en su casa. Para él no era ninguna molestia.

 

De los idiomas prefería el inglés. El francés me presentaba dificultades ortográficas y así ocurrió que un día me devolvieron un deber con la siguiente nota: “Bien raconté, mais quelle quantité d’erreures !”.

 

Es asombroso qué diferentes pueden ser las predisposiciones de un joven y cómo se desarrollan. Esto rige particularmente para matemáticas. En el examen final del bachillerato uno de mis compañeros de nombre Bach devolvió las hojas con las preguntas de su examen al cabo de tres horas tal como las había recibido.

 

Paralelamente a la escuela existía la Asociación de Alumnos y Ex Alumnos “Uhlenhorst” que, si mal no recuerdo, se reunía cada quince días. Cada reunión empezaba con una alocución introductoria seguida de una renovación de fidelidad. Las reuniones tenían lugar en la “Mundsburg” y el presidente era Ludwig Klüver, quien estaba un año y medio más adelantado que yo en la escuela. La asociación organizaba una excursión a la zona boscosa cercana a Hamburgo por lo menos una vez por mes y cuando no había mucha gente disfrutábamos más la camaradería.

 

            En el invierno, la asociación organizaba un baile que generalmente empezaba con una breve obra de teatro o algunas canciones. El baile propiamente dicho se iniciaba con la gran polonesa, había carnets de baile para las damas que eran acosadas por lo interesados en anotarse. Los bailes siempre atraían a mucha gente: más de una pareja de padres se unía y terminaba con una mesa de café común.

 

En esa época, Frieda ya estaba en Hamburgo. Siempre era invitada en estos bailes y a la mañana yo la acompañaba a casa de tía Adele.

 

Mi hermano Hans también participaba ocasionalmente de estos bailes o iba a los grandes bailes en lo de Sagebiel, organizados por los empleados estatales de Hamburgo y cuando a la mañana volvíamos a casa y llevábamos masitas frescas para el café, esto no era bien visto por nuestro padre.

 

Como es difícil pasarla sin dinero, durante mi tiempo de escolar daba clases de apoyo de matemáticas en la “Uhlenhorst”, que me conseguían los propios maestros. Así fue que entre otros, le daba clases a un chico de apellido Modenwaldt, cuyo padre era agente exportador, una persona excepcional, quien más tarde me consiguió que me aceptaran de aprendiz comercial. Esto demuestra que todo está relacionado en la vida.

 

20-01-1967

 

            Pasaron los años y llegamos al examen final antes de las vacaciones largas: francés, inglés, matemáticas y alemán. Para alemán, el tema era: “Shakespeare y su influencia en la poesía alemana”. A mi me parecía que no estábamos nada bien preparados para este tema, a menos que en los últimos días anteriores al examen el señor director Rautenberg o –busch acarreara libros que se refirieran a este tema con papelitos marcadores, pero no nos habíamos preocupado mucho del asunto.

 

            Después venían las vacaciones largas y poco después tendría lugar el examen oral. Estábamos completamente desorientados: no sabíamos qué materias se tomarían ni cómo debíamos prepararnos. Yo sabía que estaba flojo en historia y usé las vacaciones para tirarme en el sofá y leerme el “Grosse Plötz” (libro de historia muy detallado). Lo sabía casi de memoria y sabía de entrada de lo que se trataba. Pero el esfuerzo fue inútil. Cuando fue fijada la fecha del examen oral hice llevar mi levita, con la que debíamos presentarnos a dar examen, a casa de los padres de un compañero en la Hamburger Strasse y no se lo dije a mis padres.

 

Cuando estábamos reunidos ante la mesa examinadora nos dijeron que el mejor alumno (Primus), no me acuerdo de su apellido, y mi humilde persona estaban eximidos de dar examen oral. Con gran alegría, nos hicimos humo, yo fui a la Hamburger Strasse, donde me había cambiado, para dar la buena noticia a la familia amiga y de allí, a mi casa. Mi madre se sorprendió de verme, pero la novedad la llenó de alegría. De allí volví a la escuela y me enteré cómo les había ido a los demás. Todos habían aprobado y mi compañero Hutter invitó a todos para esa noche a casa de sus padres para festejar el acontecimiento. A la mañana siguiente me encontraba en cama con una poderosa resaca de champagne.

 

Era costumbre que los nuevos bachilleres invitaran a sus maestros y diferentes clases a una fiesta de despedida y que se escribiera un diario de “boliche” (Kneipp Zeitung) alusivo.

 

            En este diario habíamos “cargado” mucho al maestro de química que mencioné antes; estaba ofendido y presentó una queja contra la clase. El resultado fue que la calificación de conducta de la clase fue sólo “suficiente” en vez de “buena” y con una conducta “suficiente” no se nos podía eximir del examen oral. Así que llamaron al mejor de la clase y a mi humilde persona para que nos presentáramos a examen a la mañana siguiente. Por suerte, todo salió bien. A mi me tocó primero. El maestro superior Hering me preguntó: “Well Grimm, what do you know about Shakespeares life?”. Cuando la mesa quedó satisfecha, le tocó a mi compañero: francés. Después nos mandaron afuera. Cuando nos llamaron era el turno de Grimsahl: me dio uno de los problemas más difíciles de cálculo de integrales. Pero yo me orienté inmediatamente y desarrollé la solución oralmente, ya que nadie me había pedido que lo hiciera por escrito. Después le tocó a mi compañero, también con Grimsahl, pero no me acuerdo del problema. Luego nos volvieron a mandar afuera y cuando nos llamaron me pidieron que desarrollara la solución del problema en una pizarrón que habían colocado. Esto no fue problema para mi. Después de volver a salir y entrar, el señor Consejero Brütt tomó la palabra para decirnos cuánto había lamentado el motivo de su presencia, pero que estaba satisfecho con el resultado del examen. Como castigo, la clase no fue despedida con la ceremonia habitual.

 

            Así fue que la escuela terminó de manera poco gloriosa por una travesura juvenil, para gran disgusto de mi padre. De esta manera cierro aquí el 3. capítulo de esta crónica familiar para empezar mañana con un nuevo capítulo de vida.

 

CAPÍTULO 4

 

21-01-1967

 

            La escuela se había terminado. ¿Ahora, qué? Un sueño de mi juventud era ir a la universidad y este sueño se convirtió en verdadera ansiedad cuando el estudiantado y las fraternidades de Hamburgo, que crecían vertiginosamente, marcharon por el Alsterdamm, a lo largo de la Binnen-Alster. No me acuerdo si iba camino de Friedrichsruh, a honrar al viejo canciller del Reich, Bismark, o si venían de allí. ¿Era con motivo de su cumpleaños Nr. 80, en 1895, o con motivo de su fallecimiento en 1898 o de su inhumación en el mausoleo de Friedrichsruh, en 1899?  No lo se, pero lo cierto es que fue un espectáculo majestuoso.

 

            ¡Pero, no podía ser!  En primer lugar, no tenía una idea clara de lo que quería ser. En segundo, mi disposición no lo era tanto, En tercer lugar, quién financiaría mi carrera y en cuarto, después de la carrera, la tesis doctoral o eventualmente la licenciatura (Staatsexamen, título requerido para la docencia) tendría fácilmente más o menos 27 años. Pero yo me quería casar siendo joven y así es como arribé a una solución de emergencia: comercio. El Sr. Modenwaldt, agente exportador, a quien ya mencioné anteriormente, me consiguió un puesto de aprendiz en la empresa Martin Schröder & Co, en la Deichtorstrasse,  Nobelshof. Cuando me presenté allí, el Sr. Schröder, (Senior) me condujo a una pequeña habitación anexa y me pidió que copiara algo de un folleto. Cuando volvió me dijo: ¿Con esta caligrafía quiere ser comerciante? Oiga joven, sus calificaciones son buenas y estoy dispuesto a tomarlo, pero con la condición de que se haga socio de inmediato de la Unión de Auxiliares de Comercio de 1858 y visite la escuela nocturna para: 1) aprender a escribir y 2) aprender español. Y así fue.

 

            Si bien era una rareza que alguien diera valor a una buena caligrafía si ni siquiera en la escuela secundaria superior se impartían clases de caligrafía, yo lo aprendí a la edad de 17 años y medio con el maestro de caligrafía Sinn, y a la perfección. Es una lástima que ya no tengo los cuadernos para poder demostrarlos. El español era optativo en la escuela secundaria superior. No me resultó difícil aprenderlo, pero su aprendizaje fue en desmedro del francés. Además, practicaba taquigrafía, que mi hermano Hans y yo habíamos aprendido años atrás con Ludwig Klüver y para la dactilografía tenía suficientes oportunidades de practicar en la empresa.

 

23-01-1967

 

La empresa Martin Schröder & Co. era una firma dedicada a la importación y exportación. Trabajaba especialmente con Méjico, donde tenía una subsidiaria, una sociedad mejicana de plantaciones (Mexico Plantagen Gesellschaft). Esta tenía cultivos (uno o varios) en el oeste, es decir hacia el lado del océano Pacífico y cultivaba café, el que estaba destinado mayormente a El Havre. De   Méjico traían especialmente semillas de algodón (tortas). De Kingston, Jamaica, particularmente pimienta negra y de Rosario, Argentina, cueros salados (Luzarraga Hnos.). Más tarde también consiguieron exportar a Filipinas, lo que lograron a través de un apoderado comercial (Prokurist) Rampendahl. Para atender la sección exportación fue necesario ampliar las oficinas y nombrar a otro apoderado comercial, Hagemann.

 

            El jefe Martin Schröder (Senior) era un hombre distinguido. Por parte de su esposa estaba vinculado con los Godefrois y además era miembro del tribunal de jurados (decide sobre la culpabilidad o inocencia del acusado, pero el juez es quien impone las penas). Su socio financiero era el Dr. von Adelsohn (judío) y el apoderado comercial de la sección importación era un tal Sr. Richter, quien estaba casado con una francesa.

 

            La sección importación funcionaba prácticamente con los aprendices y la condición de ingreso era la aprobación del examen final de bachillerato. El tiempo de aprendizaje era de tres años, sin sueldo. Sólo había gratificaciones para Navidad: 100, 200 y 300 marcos el primero, segundo y tercer año, respectivamente. Con suerte se le regalaba medio año de aprendizaje y quien era aceptado en la empresa como auxiliar de comercio (Kommiß: recluta) ganaba 1.000 marcos al año.

 

            Yo tuve que servir desde el principio, por lo menos durante un año fui el aprendiz más joven (Stift), tenía que escribir sobres para los informes de mercado mensuales para Méjico y otros trabajitos la mar de interesantes.

 

            Pero en ese momento se fue a Méjico el único aprendiz con empleo fijo (Sartori), donde la empresa le había conseguido un empleo. El apoderado comerció se acercó a los dos otros aprendices que tenían más antigüedad que yo y les preguntó si sabían español, francés, inglés y taquigrafía. Como ninguno de los dos pudo satisfacer todas las condiciones, se acercó a mi y yo pude contestarle que si. Así fue que ascendí y tenía que presentarme con mi block de taquigrafía . Un día me dictó una carta en alemán, una en español, otra en francés y una en inglés y al final me dijo: ahora me voy a la bolsa, vea si puede tenerlas listas para cuando yo regrese. A veces sudaba sangre, especialmente en francés; tuve que inventarme ciertos signos taquigráficos (sistema Stolz-Schrey) que no estaba preparado para todos los idiomas.

 

            El correo entrante se repartía todas las mañanas y cada uno tenía que leerlo y ponerle su gancho. Si el apoderado comercial, Sr. Richter, estaba enfermo, yo tenía que llevar el correo y mi block de taquigrafía hasta Altrahlstedt, donde vivía y uno de los jefes firmaba luego el correo. A veces tenía que ir a la bolsa, donde la empresa tenía un asiento y ocasionalmente también a bordo de un vapor de ultramar para despedir un cliente en nombre de la empresa.

 

24-01-1967

 

            Durante mis años de aprendiz, Frieda y yo nos encontrábamos con frecuencia: los días de semana, cunado ella podía, paseábamos al atardecer por la orilla del Alster (exterior) y descansábamos en uno de los muchos tentadores bancos. El magnífico paisaje, la irrepetible juventud  y el amor eran un sueño de vida. Los domingos, cuando Frieda podía, íbamos de excursión al ancho mundo, una vez a Friedrichsruh en el Sachsenwald (paz celestial y soledad), otras a Harburg, a orillas del brazo sur del Elba (donde se arruinó el traje nuevo), otras a Wollingsbüttel, al norte de Hamburgo (donde en la exclusa se comía exquisito pan negro con manteca fresca y el mejor jamón ahumado con un vaso de cerveza!)  o a Poppenbüttel, también al norte de Hamburgo donde el 02 de septiembre de 1906, en medio de un brezal florecido nos prometimos pasar juntos el resto de nuestra vida, lo que luego cumplimos.

 

            Aquí quiero agregar algunos datos sobre los padres de Frieda y sus hermanos, en la medida que los conozca. No poseo el documento genealógico.

 

            Extracto de la parroquia evangélica luterana de Kurau (1921) de los miembros de la familia que descansan allí:

 

Johann Friedrich Klüver, jubilado y agricultor propietario,

                                               antes maestro talabartero en Curau  (de Oldenburg)

viudo, hijo legítimo del arrendatario hereditario Detlev Hinrich Klüver y de Henriette Magdalena Christine Guldendahl

nacido 26-12-1842 en Klein-Rolübbe, cerca de Hansuhn, Principado de Lübeck (según partida de nacimiento del 04-03-1903)

casado (según partida de casamiento) el 28-04-1868

en Pronstorf, con Catharina Dorothea Buhmann, hija legítima de Hans Peter Buhmann, de Tankerade y de Catarina Elisabeth Strohkart,

fallecido 13-04-1915, inhumado el 17-04-1915, Reg. defunción pag. 185, Nº 14

 

Hijos de este matrimonio:

 

1.)  Adele Henriette Catharina, nacida el 19-04-1869, bautizada el 17-05-1869 en Curau (Oldenburg), confirmada el 18-03-1883 en Curau (Reg. pag. 205, Nº 6).

Casada en 1892 con Hermann Zietz (posadero en Hamburgo, Deichtorstrasse 2; No tuvieron hijos.

 

2.)  Emma Catharina, nac. 19-08-1871, bautizada 17-09.1971 en Curau (Oldenburg), confirmada  18-04-1886 en Curau (Reg. pag. 250, Nº 2). Casada en 1896 con Robert Pätzel (empleado público en Hamburgo, Käthnerort 55. Un hijo muerto.

 

3.)  Otto Ludwig, nacido el 12-11-1873, bautizado el 26-11-1873 en Curau (Oldenburg)

Fallecido el 26-05-1884 de difteria, enterrado el 30-05-1884 (Reg. pag. 172, Nº 30)

 

4)   Karl Friedrich*, secretario de correo en Hamburgo,

Nacido el 26-02-1876, bautizado el 02-04-1876 en Curau (Oldenburg), confirmado el 22-03-1891 en Curau (Reg. pag. 301, Nº 2),

Casado el 11-03-1903 en Winsen an der Luhe, con Maria Weselmann; 2 hijos*

1)    Adele, 17 años; 2) Karl, 12 años, nacidos en Haspe (Westfalia)

* El tío Karl falleció en Curau

* Tía Mimi, Curau, Adele Klüver de Ernst ; Kalli    Klüver, Lima.

 

5)   Bertha Auguste, nacida el 10-04-1878, bautizada el 04-08-1878 en Curau (Oldenburg), confirmada el 10-04-1892 en Curau (Reg. pag. 315, Nº 3), casada el 15-11-1903 con Heinrich Lüthjens, el propietario de lanchones, en Hamburgo; 4 hijos:

1) Marga, 16 años; 2) Irma, 3) Frieda, 4) Henry.

 

6.)  August Friedrich, llamado Johannes (según partida de nacimiento, Registro Civil de Curau Nº 33), maestro en Hamburgo, Sievekingsallee 31, nacido el 08-11-1881, bautizado el 05-12-1881 en Curau (Oldenburg), confirmado en Hamburgo, casado el 15-11-1913 en Winsen a. d. Luhe con Maria Schröder (tía Mimi, Winsen). 2 hijos:

      1) Johannes, nacido en 1915, 2) Ludwig, nació más tarde, ambos muertos en la guerra mundial  Nº 22

7.)  Ludwig Friedrich, inspector de aduana en Hamburgo, nacido el 10-04-1883, bautizado el 14-05-1883 en Curau (Oldenburg), confirmado en Hamburgo, casado en 1912 con Hedwig Winck. 2 hijos: 1) Lulu *(niña); 2) Hans (Hänsel Klüver en la empresa Töpfer, Hamburgo)

*Lulu se volvió a casar. El primer marido murió en la guerra.

 

8.)  Frieda Dora, nacida el 17-11-1885, bautizada el 26-12-1885 en Curau (Oldenburg), confirmada el 08-04-1900 en Curau (Ref. pag. 24, Nº 5), casada con Rudolf Grimm, comerciante, ahora en Buenos Aires, Argentina, América del Sur; 4 hijos: 1) Elsita; 2) Rodolfo; 3) Friedita; 4) Guillermo.

 

9.)  Hans Heinrich, soltero*, funcionario superior de aduana, domiciliado en Hamburgo, nacido el 08-08-1889 (Oldenburg), bautizado 15-09-1889, confirmado el 16-04-1905 en Curau (Reg. pag. 49, Nº 1)

*Parece decir: casado con Anne Meyers, Bremen; Kinder? Ingeborg Heide)(¿?)

 

Son 8 hijos vivos y 13 nietos.

 

25-01-1967

 

Johann Friedrich Klüver era uno de los hijos menores de su padre, Detlev Klüver; el mayor de sus hermanos, Ludwig Klüver, recibió la chacra (Hof) de Klein-Rolübbe, ya que las chacras (Bauernhof) no se podían subdividir. Por lo tanto, los más jóvenes tenían que aprender un oficio.

 

Después que Johann Friedrich Klüver (el padre de Frieda) hubo terminado su aprendizaje, se fue a correr mundo por Alemania, Suiza, Francia (Lyon y Paris) y volvió a Barmen-Elberfeldt [19] y se estableció en Curau.

 

A poco de nacer su primer hijo, participó de la campaña bélica  de 1870-1871 en el asedio de Metz.

 

Murió después de una enfermedad bastante larga (probablemente cáncer de estómago) a lo que se agregó senilidad. Está enterrado en el lote A, 4,8. Certificado de inhumación de Schwinkanrade del 08-02-1921.

 

Oración doméstica sobre Isaías 57,12

“Yo publicaré tu justicia y tus obras”

 

Oración fúnebre sobre Revelación, Juan 14,13

“Desde ahora, bienaventurados los muertos que mueren en el Señor. Sí, el espíritu habla, que descansen de sus trabajos, pues sus obras van tras ellos”.

 

Carharina  Dorothea Buhmann de Klüver, esposa ,

nacida en Curau en 1844, casada el 28-04-1868 con Johann Friedrich Klüver, maestro talabartero en Curau,

fallecida 13-04-1915 a la edad de 71 años, inhumada 17-04-1915. Reunión de los deudos en la iglesia, Pastor Plumhoff, Administrador de la Parroquia de Curau.

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25-01-1967

 

            La familia de Detlev Hinrich Klüver en Klein-Rolübbe era muy grande, estaba formada por:

 

Ludwig Kl.     Dietrich Kl.      Fritz Kl.        Johannes Kl.           Detlev Kl.      Karl Kl.           Rieke Kl.       Doris Kl.       Marie Kl.

Beckholt           Obernwehlde    Gerschendorf         Curau         S.Francisco      Reinbeck          Hamburgo        Eutin                Malente

 

y sus descendientes:

 

                         Willy Kl         Heinrich Kl     Minna Kl    (Padre de Frieda, véase pag 24)

                         Beckholt(+)      Oberwohlde(+)    Borstel           

 

                        Otto Kl.            Bertha Kl.     Franz Kl

                        Scharbeutz(+)      Oberwohlde     Pinneberg

 

                        Meta Kl. de     Olga Kl      (Schmied)

                        Knoop                       Finca „Kamp“  Rosa Kl.

                        Passendorf                    Rosa Kl

 

                        (Padres de     Anna Kl.,  Emma Kl y Arnold)

Hugo Kl.

Maquinista

Karl Kl.

Empleado de

Correo,

Cayó en Francia

Emma Kl.

           

            En cambio, según tengo entendido, la familia de Hans Peter Buhmann, Tankerade, Parroquia de Ponsdorf era pequeña:

            Hans Buhmann, Techau, sastre y Catharina (Kathrin) Dorothea Buhmann, Curau (madre de Frieda )


     Papá y mamá Klüver eran personas trabajadoras, frugales, satisfechas y felices, quienes a pesar de su modestia salieron adelante con éxito: no solamente eran propietarios de la casa de Curau, sino que también dieron educación y colegio a sus hijos. Particularmente Johannes (el maestro), Ludwig y Hans (los aduaneros), no solamente aprobaron la escuela secundaria sino que dieron el examen correspondiente que los habilitó para el servicio militar voluntario de un año y el acceso a estudios superiores. El mayor y justificado orgullo de Klüver padre era ir a la iglesia el día de su cumpleaños, que coincidía con el segundo día de Navidad, con sus hijos mayores, si era posible, de uniforme. ¡En esto no lo podía igualar ni el granjero más importante de Curau!

 

            Además, Klüver padre era un filósofo en potencia. De sus hijos, Ludwig era el más inteligente y veo una línea de herencia entre Klüver padre que pasa por tío Ludwig (Kalli Kl.), nuestro Rudi y Rolf Ernst, hijo de Adele Kl., a quien conocimos aquí en Navidad.

 

            Mamá Klüver era pequeña y delicada y es admirable que haya tenido nueve hijos. Era de naturaleza alegre y en honor de los padres Klüver debe decirse que dieron a sus hijos muchas cosas que les ayudaron en sus respectivas vidas.

 

            Seguíamos viviendo en Barmbeck, pero nos habíamos mudado a Heitmannstrasse 14, donde mis padres habían comprado un departamento, probablemente con la herencia de nuestra madre. Digo probablemente porque nuestros padres no hablaban de cuestiones de dinero con nosotros. Para mi padre aquello significó noches de insomnio, porque ahora tenía una deuda, tenía obligaciones.

 

            Entre tanto también había terminado mi período de aprendizaje, me regalaron medio año y me tomaron como auxiliar de comercio (Kommis) con un sueldo anual de 1.000 marcos, es decir: 83,33 marcos por mes. Aguanté dos meses y luego pedí al apoderado comercial, Sr. Richter, un aumento de sueldo porque me daba vergüenza tener que comer en la mesa de mi padre teniendo 21 años. Me ofreció 1.200 marcos por año con contrato por dos años. Pedí que me disculpara pues por ese camino no veía futuro para mi. Se expresé mi deseo de emigrar y se ofreció a preguntar en Luzurraga Hermanos, de Rosario, si tenían un empleo para mi. Dijeron que no. Por eso presenté mis certificados en la Asociación de Auxiliares de Comercio de 1858 y solicité quedarme en la empresa hasta conseguir otro empleo. Pasó bastante tiempo y yo ya había ido de vacaciones a la Suiza de Schl. Holstein y a la vuelta había ido a Haarberg. Allí recibí una tarjeta postal en la que se me decía que volviera y me presentara en la empresa Mengers & Co, de Hamburgo.

 

            Interrumpí mis vacaciones, viajé a Hamburgo y me presenté en la empresa Mengers & Co. Allí me recibió el señor Gross y me dijo que un cliente les había encargado tomar un hombre joven en carácter de tenedor de libros para la empresa Braun & Blanchard, de Puerto Madryn, Chubut, Argentina con un sueldo inicial de 300 marcos mensuales pagaderos a partir del día de la partida, con viaje pago. La única limitación era que mi padre se hiciera responsable de la parte de los gastos del viaje que yo no pudiera amortizar en los tres años de contrato. El clima era sano, y las referencias inmejorables, según decía el pedido telegráfico. Era sábado (entonces no se conocía el “sábado inglés”), me aconsejaron que lo pensara  y que les contestara el lunes.

 

27-01-1967

 

            Luego fui a la empresa Martin Schröder para informar al apoderado comercial Sr. Richter. Ahora que tenía algo seguro, no pareció muy entusiasmado. En cambio el contable, Sr. Julius Carl se mostró muy contento: “Hombre de Dios, me dijo, acepte, mándese mudar!. En Puerto Madryn está mi hermano Guillermo Carl, quien trabaja allí en la empresa Lanusse & Olaciregui (lo que confirmó una vez más, lo pequeño que es el mundo).

 

            Fui a mi casa y conté lo del ofrecimiento y a la noche me fui al baile de la Asociación de Empleados Públicos de Hamburgo y bailé toda la noche. Tocaba el cielo con las manos….

 

            El lunes me presenté en la empresa Mengers & Co y acepté el ofrecimiento. Se llenaron los documentos necesarios, me dieron la lista del equipo necesario y me comunicaron que debía viajar con el primer vapor de la Pacific Steam Navigation Co. que pasando por Hull y Liverpool y tocara Puerto Madryn en su viaje de ida hacia el Pacífico pasando por Punta Arenas. El Sr. Gross también me aconsejó que me comprara el Maier-Rothschild  y estudiara contabilidad durante el viaje, porque sabía por experiencia que no se les daba oportunidad a los aprendices para trabajar prácticamente en la contabilidad.

 

            Antes que nada, tenía que conseguirme los documentos necesarios: no solamente necesitaba un pasaporte, sino que tenía que arreglar mi situación con respecto al servicio militar. Me postergaron el servicio militar al año 1909 y debía presentarme en el Consulado General en Buenos Aires.

 

            Todo pareció estar arreglado. En la empresa Martin Schröder me opusieron varias dificultades como por ejemplo, que debía cumplir el preaviso legal de 30 días. No me acuerdo cómo se zanjó esta dificultad, porque el 5 de agosto debía partir de Hamburgo para abordar el vapor “Flamingo” en Liverpool.

 

            No tenía porqué llorar por el alejamiento, ya que mi ciudad natal ya no me ofrecía ninguna posibilidad.

 

            Más tarde, Kalli Klüver tuvo más suerte que yo, porque consiguió, no se por intermedio de quien, un puesto de aprendiz en la empresa mundial W.R. Grace & Co. en Hamburgo y esta lo envió a Bolivia después de terminado su período de aprendiz.

 

            De esta manera cierro aquí el 4. Capítulo de mi crónica familiar, pues mañana me despediré y saldré al ancho mundo.

 

CAPÍTULO  5

 

27-01-1967

 

            Había llegado el 5 de agosto de 1907, el día de mi partida de Hamburgo. El correo matutino me trajo una tarjeta postal de nuestro padre, quien había tomado unos días de licencia en Mecklenburg. Tuve la impresión de que quería evitar una despedida personal.

 

            Mi madre estaba presente cuando hacía mis valijas: un baúl de camarote y uno más grande para llevar en la bodega.

 

            Al atardecer fuimos al puerto: mi madre y mis hermanos –entre tanto se había agregado un rezagado, mi hermano menor Alfred. Ludwig Klüver vino a despedirme. Ya anochecía, cuando un señor me apartó discretamente del grupo y se identificó como policía secreto. Me pidió mis documentos, pero no tuvo objeciones. Unas pocas palabras de despedida y subí a bordo. Poco después, el vapor soltó amarras y Elba abajo, pasando por Altona, Oevelgönne, Blankenese, dejó atrás el hogar.

 

            El vapor tenía pequeños camarotes con 2, 3 o 4 cuchetas, no me acuerdo bien. Me dormí pensando que iba al encuentro de un nuevo mundo o de un nuevo hogar.

 

            Al día siguiente cruzamos el Mar del Norte. Había un poco de marejada, pero era soportable. Me hice amigo de dos jóvenes que se proponían emigrar a Australia y se bajarían en Liverpool para abordar un velero.

 

            A la mañana siguiente habíamos amarrado en el puerto de Hull; uno de mis compañeros de viaje resultó ser un pastor anglicano, identificado por su cuello duro abrochado atrás. Tomamos el tren que nos llevó a Liverpool pasando por Sheffield y Manchester. No recuerdo con claridad, pero creo que mis dos compatriotas me llevaron con ellos a una pensión privada y a la noche fuimos juntos a un espectáculo “Musical” que empezaba con el himno nacional. A la mañana siguientes, mis dos compatriotas abordaron su velero mientras que yo deambulaba por los diques para conocer el “Flamenco”, aunque sea por fuera, pues el embarco estaba previsto para el día siguiente. A la tarde caminé por la calle principal de Liverpool que conducía desde la estación principal hasta el puerto, compre algunas tarjetas postales y finalmente aterricé nuevamente en la pensión privada.

 

28-01-1967

 

            A la mañana siguiente me dirigí al dique Alexandra y subí a bordo del “Flamenco”. Mi equipaje ya estaba a bordo, lo mismo que un matrimonio alemán (judíos) de Berlín con dos niños pequeños que habían llegado el día anterior y habían embarcado inmediatamente. Me asignaron una litera inferior en un pequeño camarote de tres literas; las dos superior fueron ocupadas luego por dos jóvenes ingleses. Mi baúl de camarote cabía debajo de mi cama.

 

            Ya estaba oscureciendo cuando soltamos amarras; un práctico nos condujo fuera del puerto y pusimos rumbo al sur.

 

            A la mañana siguiente a las 7, el camarero trajo una pequeña taza de café negro para cada uno y a las 9 se sirvió el gran desayuno, el breakfast, con Quaker y azúcar granulada, luego, a gusto, huevos fritos con panceta, salchichas asadas, costillas de capón y otras delicias. Todo con pan y manteca, jugo de naranja o mermelada de naranjas amargas, café con leche, etc. El breakfast es una cuestión muy especial para los ingleses.

 

            Conocimos al capitán, Captain Kinnier (la tripulación lo llamaba “capitán Caution”), al 1. Oficial de Maquinas, Mr. Hutchinson, al médico –un italiano, que tenía que formar parte de la tripulación porque en España embarcarían emigrantes- y a otros. Además del matrimonio alemán ya mencionado había una inglesa que iba a la costa del Pacífico, al encuentro de su marido.

 

            El primer puerto que tocamos fue La Rochelle – Pallice, el puerto de salida de Bordeaux, Francia.  A la noche, el 1. Oficial de Máquinas nos llevó consigo a la ciudad, donde visitamos como espectadores, un salón de baile.

 

            Luego tocamos La Coruña y Vigo, donde embarcamos, además de la carga, a cientos de emigrantes, hombrecitos, mujercitas y niños con destino a Buenos Aires, los que fueron acomodados en la cubierta inferior, pero que se pasaban la mayor parte del día arriba, en la cubierta superior y mataban el tiempo jugando a la lotería, cantando y bailando al son de castañuelas, panderetas etc.

 

            De allí pusimos rumbo al sudoeste para atravesar el Atlántico, nada más que agua. Pasamos el tiempo lo mejor que pudimos. Debo mencionar aquí al médico italiano –que hablaba muy bien inglés- quien después de su visita matinal a la cubierta inferior, solía estimularnos –a mis compañeros de camarote y a mi- con alguna conversación interesante.

 

30-01-1967

 

            Recalamos en Sao Vicente, un de las islas de Cabo Verde donde el vapor cargó carbón. En aquél tiempo se podía cargar el mejor carbón inglés en cualquier parte, más tarde, cuando las minas de carbón de Inglaterra o Gales fueron “socializadas” se llegó a tal extremo que Inglaterra tuvo que importar carbón de Estados Unidos, con lo cual se demuestra suficientemente el éxito de la “socialización”. Es una desolada isla rocosa y nos divertíamos montando burros que traían los jóvenes pobres de la isla.

 

            De San Vicente fuimos a Montevideo donde descargamos a todos los pasajeros que iban a Buenos Aires. El vapor quedó fuera de la rada y volvimos a cargar carbón. Aquí vimos por primera vez cómo los estibadores tomaban su verdoso “mate” de una taza metálica con un tubo de absorción.

 

            Desde Montevideo navegamos a Ingeniero White, el puerto de Bahía Blanca, que impresiona por la obra de sus muelles y el ferrocarril inglés. Es increíble cómo han contribuido los ingleses con sus inversiones de capital al desarrollo de la Argentina. Tomamos el tren a Bahía Blanca, que en aquél tiempo aún era modesto en comparación con el actual. A pocas cuadras de la estación ya habíamos salido de la ciudad.

 

            De Ingeniero White seguimos viajando hacia el sur, entrando en el Golfo Nuevo. Al cabo de unas 3 ½ horas de navegación en el golfo anclamos en Puerto Madryn. Ya había anochecido, sólo algunas luces revelaban la existencia de la población que sería la meta de mi largo viaje y de mis nuevas tareas.  En vista de la escasa iluminación empezaron a tomarme el pelo.

 

            Yo me alegraba de haber llegado a la meta de mi viaje y estaba preparado para dedicarme a mis nuevas obligaciones.

 

            Cierro aquí el 5. Capítulo de mi crónica y mañana bajaré a tierra en Puerto Madryn.

 

CAPÍTULO 6

 

31-01-1967

 

            14 de septiembre de 1907.-  A la mañana siguiente, cuando salí a cubierta, nuestro vapor estaba junto al “hulk” (inglés, veleros o barcos viejos sin arboladura que se usan a modo de pontón para acelerar la descarga). Del otro lado había amarrado el “Carrier”, una barcaza a vapor, de manera que nuestro barco alijaba por ambas bandas.

 

            Puerto Madryn se encontraba ante nosotros, extendida y dispersa en la playa. Un remolcador atracó junto a la borda: autoridades portuarias, el agente naviero y entre otros, un inglés que había adquirido la costumbre de subir abordo cuanto hacía escala una vapor inglés en Madryn: para él, era un pedazo de su Patria. Su nombre era Herbert Elbourne. Hablaba un poco de alemán. Nos hicimos amigos, y así seguimos, hasta que murió hace algunos años en el Hospital Británico de insuficiencia hepática. También el piloto del remolcador, un italiano de nombre Juan Di Natale, se convirtió en un querido amigo y madrynense que siempre se acordaba del día que desembarqué.

 

Todas las formalidades se habían cumplido y llegó el momento: me despedí y el remolcador nos llevó a tierra, es decir, a un pequeño muelle de madera que tenía una grúa y donde en días de fuerte marejada se descargaba en canastos a los pasajeros.

 

Como quedaba de camino, Elbourne me llevó a su casa para presentarme a su hermana, con quien vivía y que manejaba su casa. De allí me condujo a la empresa Braun & Blanchard, donde el jefe, el Sr. Roberto Gomez me recibió muy jovialmente.  Me hizo entender que ese día, el día de mi llegada, no necesitaba empezar a trabajar y que durante algunos día debería dormir en el hotel de Manuel García, al pie del muelle viejo, hasta que mi habitación, en el edificio de los empleados, estuviera preparada.

 

Naturalmente que resulta difícil recibir, de repente, una andanada de palabras en español, pero entendí de qué se trataba y que debía empezar a trabajar a la mañana siguiente.

 

Así fue que volví al hotel que tenía un espacioso dormitorio con cuatro camas, una de las cuales era la del cocinero.

 

A la tarde fui a la playa y tirado en la arena tuve tiempo para pensar en “América”.

 

01-02-1967

 

A la mañana siguiente empezó la parte seria de la vida.

 

El edificio comercial propiamente dicho todavía se estaba construyendo (de bloques de cemento) y mientras duraran los trabajos la empresa trabajaba en un gran galpón de chapa acanalada. Al frente, con entrada desde la calle, se había instalado el negocio, atrás había un depósito de mercadería. En la mitad, junto a un portón corredizo, estaba la oficina, con una ventana protegida con varillas de hierro que daba al patio. En dicha oficina había un gran escritorio, donde me acomodó el Sr. Gomez después de haberme saludado muy amablemente y me entregó una pila facturas de mercadería para que calculara los respectivos precios de costo.

 

Hay que agregar que todas las mercaderías corrientes venían de Buenos Aires, específicamente en los vapores de la Hamburg-Süd que había formado una subsidiaria para servir los puertos de la Patagonia.

 

A raíz de la conexión marítima directa con Liverpool, todos los bienes importados provenían principalmente de Inglaterra. La empresa Braun & Blanchard con sede en Punta Arenas y sus filiales a lo largo de la costa estaba muy vinculada con empresas inglesas y su crédito (Duncan, Fox & Co, de Liverpool y Morton de Londres). Las mercaderías más bonitas venían de Francia, embarcadas en La Rochelle Pallice, las españolas de La Coruña o Vigo, mientras que las mercaderías de Alemania venían de Hamburgo (Mengers & Co., Oertling Gebrüder) previo tránsito por Buenos Aires.

 

Téngase en cuenta que al sur del paralelo 42 (que pasa un poco al norte de Puerto Madryn), la Patagonia estaba exenta del pago de derechos aduaneros en base a un decreto-ley del Presidente Roca, quien hacia principios de siglo había hecho un viaje al sur. Desembarcó en Madryn para visitar la colonia galesa del valle del río Chubut y luego siguió viaje hacia el sur, hasta Punta Arenas, donde se entrevistó con el Presidente Errázuriz de Chile. Este acto de hermanamiento se inscribió en la historia.

 

La exención de impuestos aduaneros estaba destinada a favorecer el desarrollo de la Patagonia, que estaba muy poco poblada y gracias a ella podíamos importar los mejores bienes de cualquier país del mundo. La feliz circunstancia de que entonces Argentina fuera un país bendito, con floreciente agricultura y ganadería y la correspondiente exportación a Europa fortalecía el valor de su dinero.

 

En ese tiempo, un dólar norteamericano valía:

(hoy 280.-)  2,40 pesos argentinos, una libra esterlina

(hoy 750.-)11,40 pesos argentinos, 1 marco alemán

( hoy 70.-)  0,57  pesos argentinos

 

Además, había monedas de oro de curso legal; un Argentino de oro era igual a 5 pesos de papel. También había libras esterlinas, dólares mejicanos y norteamericanos y cuando el buque-escuela argentino iniciaba el viaje de estudio de los cadetes del último año alrededor del mundo sólo llevaba oro en sus cajas.

 

Todo esto sólo tiene el propósito de que se comprendan mejor las condiciones reinantes en ese tiempo.

 

Vuelvo ahora a mi pila de facturas de mercadería en toda clase de monedas y sus posibles valores monetarios para calcular los precios de costo, en los que había que incluir todos los costos y gastos - y debo admitir que eran unos cuantos- lo que me tomaba bastante tiempo, particularmente cuando se trataba de facturas largas, con muchos rubros. A veces me preguntaba, cómo se habían podido amontonar de esa manera y qué había pasado entre tanto con la mercadería.

 

02-02-1967

 

Es necesario aclarar que por las razones mencionadas más arriba, la vida era muy barata. En el hotel pagábamos, con pensión completa, 60 pesos por mes, es decir 2 $ por día. Claro está que los salarios y los sueldos eran correspondientemente bajos: un empleado ganaba quizá unos 150 pesos por mes. Mis 300 marcos, al cambio de 0,60, resultaban ser 180 pesos. El Sr. Gomez tenía un sueldo fijo de 300 pesos que con su numerosa familia no alcanzaban para nada. El resto saldría de la participación de las ganancias. Naturalmente que lo principal era lo que uno podía comprarse con lo que ganaba y considerando que sólo tenía que gastar 60 pesos para vivir y con 100 pesos podía vestirse de pies a cabeza se podría vivir con comodidad.

 

Entre tanto la habitación que me habían asignado en la casita de los empleados estaba más o menos terminada, como para que me pudiera mudar, (tres habitaciones en hilera con una galería, construidas en madera y forradas también con madera). Estaba amueblada con lo indispensable: una cama, una mesa, una silla, una palangana y jarra y una pequeña mesa de luz. Tomé las cosas tales como eran, nunca me costó adaptarme a las circunstancias.

 

 Un buen día llegó la hora de que tuviera que hacerme cargo de la contabilidad y allí me desayuné de la triste realidad: en realidad no se había iniciado ninguna contabilidad, a pesar que ya en diciembre de 1906, el Sr. Gomez había venido de Punta Arenas para organizar las actividades en Puerto Madryn y en Trelew, en el valle del río Chubut. Por eso tuve que rastrear y reunir todos los papeles, correspondencia, facturas de mercadería, etc, ordenarlos por meses, para poder empezar algún tipo de orden.  Aún así quedaron asuntos sin resolver, porque el Sr. Gómez no se podía acordar. Tengo que confesar, que esto fue lo más difícil para mi, porque aparte de un libro de caja, no existía nada y a veces me pregunté porque el Sr. Gomez quiso un contable de Hamburgo si seguramente no hubiera sido tan difícil hacer venir uno de Buenos Aires en lugar de esperarme. En la población vecina, Trelew, ya existían bastantes comercios y un comercio más o menos importante sin contabilidad es prácticamente impensable. El Sr. Gomez era un tipo realmente genial!

 

Entre tanto también nos habíamos mudado al nuevo edificio. Mirando al norte había una oficina con dos grandes ventanas, mientras que el galpón de techo de chapa quedó para depósito.

 

Se acercaba la Navidad de 1907, la primera Navidad en tierra extraña.  El Sr. Castelberg, gerente de la empresa lanera Diego Meyer & Co. y su señora me invitaron junto con un empleado joven de la lanera Lanusse & Olaciregui, el Sr. Schneider, a celebrar en su casa. No faltó el árbol de Navidad, aunque era muy modesto.  La agradable velada ahuyentó la melancolía. Hay que admitir que la noche de Navidad en tierra extraña puede entristecer a cualquiera. Pero también es cierto que no debe existir un rinconcito del mundo donde los alemanes no armen un arbolito y celebren el día.  Esta costumbre se ha difundido tanto que hoy en día ya no se puede pasar de largo la Navidad.

 

A fines de enero/principios de febrero de 1908 me enfermé: fiebre tifoidea, inflamación gástrica, gastroenteritis. Empezó con diarrea, pero un día, al despertar, tenía 39/40ºC de fiebre y tuve que quedarme en cama.  Por suerte había un médico en la población, lo cual no sucedía habitualmente en aquellos tiempos. Naturalmente que la causa del problema era la alimentación. Creo que la señora de Gomez me cuidaba, el señor Gomez me venía a ver seguido y a la noche, mi compañero de trabajo, Rafael Flores, me hacía la cama y arreglaba mi pieza. En total, tardé aproximadamente un mes en mejorar y quedé muy debilitado. No es agradable enfermar cuando se está solo. Después de la enfermedad tenía un hambre feroz, aunque no podía descartarse una recaída.

 

Al cabo de algunos meses supimos que se intentaba una fusión de las filiales costeras de José Menendez y Braun & Blanchard: había que presentar balances y otros datos. Como el tiempo era escaso, porque dependíamos del tráfico de los vapores que iban al Pacífico para comunicarnos con Punta Arenas, estuve muy ocupado y el último día tuve que pasar toda la noche trabajando.

 

En julio/agosto vino del sur una comisión encabezada por Don Alejandro Menendez, el hijo mayor de Don José Menendez, para controlar los balances al 30 de junio de todos los negocios.

 

Sobre la base de estos balances se fundó la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia que luego se lanzó a la arena de los negocios con gran respaldo financiero.  Pero de esto daré mayores detalles en el Capítulo siguiente.

 

Después que se fueron todos, el Sr. Gomez me dio dos semanas de vacaciones que pasé con mi amigo Herbert Elbourne en el valle del Chubut. Primero fuimos a la chacra del viejo Benbow Philipps, quien a pesar de su edad avanzada se había casado con una hermana de Elbourne. Desde allí cabalgamos río arriba hasta la casa de su hijo, Randall Philipps, que se dedicaba a la cría de caballos y vacunos. Nos trajeron de vuelta en bote y los caballos nadando a través o por el río. Luego, volvimos río abajo hacia el valle, pasando por la chacra de un tal José Castro y desde allí a lo de un tal Lloyd Kent, donde pasamos la noche.  A la mañana siguiente, nos dieron un muchacho que nos llevó hasta un vado del río y así llegamos de vuelta a lo de Benbow Philipps y más tarde a Madryn. El viaje no solamente me sirvió para despejarme la cabeza y de descanso sino que también conocí el valle del Chubut.

 

CAPÍTULO 7

 

04-02-1967

 

A modo de recapitulación quiero agregar que antes de la fusión, la empresa Braun & Blanchard se había hecho cargo o había adquirido una empresa en Ñorquincó, en la cordillera. La distancia que la separaba de Madryn era de aprox. 500 km y al principio, el transporte se hacía en carretas tiradas por bueyes, más tarde con mulas. Las primeras tardaban un mes y las segundas, 15 días. Dado que las carretas también debían llevar carga en la vuelta y los clientes solamente podrían pagar con su lana, la empresa no tuvo más remedio que iniciarse en este reglón, aunque no tuviera personal especializado.

 

Entre tanto, la Sociedad Anónima había resuelto crear un servicio de vapores propio. Hizo construir dos vapores en Inglaterra, el “Asturiano” y el “Argentino”, a los que se agregó más tarde el José Menendez”, todos ellos para carga y pasajeros. Como Puerto Madryn estaba en la zona franca, era el lugar de transbordo ideal para todas las mercaderías importadas. Por eso, la Sociedad compró enseguida el antiguo vapor “Kaiser”, que prestaba servicio en el este de África, lo hizo cargar con madera en Suecia, hizo completar la carga con loza en Inglaterra y lo mandó a Madryn para que después de ser descargado, sirviera de pontón de transbordo. Naturalmente que la gran cantidad de madera, su clasificación y depósito, también nos dio un montón de trabajo, para lo que necesitábamos tinglados. Una parte sería reembarcada para el sur. También los vaporen que llegaron más tarde traían todos, la misma carga.

 

Además, la Sociedad Anónima se vinculó con EEUU (W.R. Grace & Co.), Italia y la Rolandlinie de Bremen, para que sus naves recalaran en Madryn. Para lograr este fin, naturalmente que tenían que conseguir la necesaria carga mínima.

 

El “Kaiser” no solamente sirvió de pontón de transbordo para las cargas destinadas al sur, sino también de pañol y despensa de los vapores propios, tanto en lo que respecta a implementos de cubierta como a alimentos. Claro está que todo esto implicaba mucho trabajo, porque muchos de los bienes tenían que encargarse en Europa. Cuando faltaba algo, los capitanes se quejaban a la dirección, primero en Punta Arenas, más tarde en Buenos Aires, mientras que nosotros teníamos que trabajar de noche para hacer todos los pedidos.

 

Naturalmente que hubo que tomar un hombre que se ocupara de todo lo referente al servicio de las naves.

 

05-02-1967

 

De lo que antecede surge que “la Anónima” iba en vías de convertirse en una gran empresa. Sus acciones tenían un valor nominal de 100 libras esterlinas. En sus filiales ofreció algunas a sus clientes. Había capital que las respaldara y los créditos de sus filiales favorecían, particularmente en el sur, el establecimiento de muchos criadores de ovejas.

 

1909.- Tuve que presentarme en el Consulado Alemán por el asunto de mi servicio militar. Aproveché el hecho que el Sr. Guillermo Carl viajaba a Buenos Aires para unirme a él. El sabía manejarse allí, en cambio, para mi todo era nuevo. Los escasos vapores de la Hamburg-Süd no podían satisfacer el tráfico de pasajeros y generalmente ya venían completos del sur. En ese tiempo no había otros medios de transporte. Así que la agencia emitía pasajes de 1. Clase “sin cama” y cada uno se arreglaba como podía. Yo dormía en el sofá del Comisario de abordo, otros en el salón comedor.

 

El Consulado me asignó día y hora para la revisación médica. Resultado: exento del servicio militar por pie plano incipiente. Menos mal, una preocupación menos. No creo que valiera la pena mandar reclutas desde aquí a Alemania, seguramente que allí sobraban.

 

El Sr. Carl y yo solíamos ir seguido y con placer a “Aues Keller”, allí se comía bien. Este lugar estaba más o menos en el cruce de Bmé. Mitre y Diagonal –que entonces todavía no existía- y era muy concurrido. Para nosotros, “patagones”, Buenos Aires era sinónimo de “comer bien”.

 

No me acuerdo de ningún acontecimiento especial de este viaje. Tenía que ocuparme de ver cómo regresar lo más pronto posible a Madryn.

Dado que el asunto del servicio militar estaba arreglado, podía pensar en casarme, para lo que como primera medida me preocupé de buscar un terreno apropiado. Ya no era tan sencillo: los terrenos de Manuel García, del Dr. Cosentino, Juancito Arbeleche, Juan Zaraz estaban en la avenida costanera y “no estaban en venta”. Enfrente de James había un cuarto de manzana que pertenecía a un ex-gerente del ferrocarril, tampoco estaba en venta (a pesar que más tarde fue subdividido repentinamente y vendido). Lo mismo sucedía con media manzana frente a la plaza pública: se dijo que estaba “reservada”. Un buen día resultó ser de Milano, Boca y del Dr. Cosentino. Así fue que Flores y yo compramos en la última manzana frente a la playa. Se murmuró que habíamos comprado en las “dunas”.

 

06-02-1967

 

02 de septiembre de 1909.-Festejamos el día de mi compromiso oficial. Invité a algunos amigos y familias conocidas a una cena. Había encontrado un cocinero que nos preparó un rico menú, incluyendo un pavo. Todo se desarrolló muy cordial y armónicamente y al final también se bailó. La familia Gomez se disculpó, el lugar no les debe haber parecido suficientemente distinguido.

 

Ahora había que ocuparse de la construcción de la casa o casas, porque Flores también construiría al lado. El constructor era un tal Antonio Civitareale y su hijo. Habían construido el nuevo hotel de Manuel García frente al edificio de la Gerencia. El zócalo de cemento y las paredes avanzaron con relativa rapidez. Luego entraron los carpinteros para hacer los techos inclinados de tipo chalet y los adornos con frente a la calle y al mar. Luego siguió el interior, el revoque de las paredes, las puertas y las ventanas corredizas suecas de última generación, las persianas, etc. La casa consistía en una galería vidriada con sol de mañana y vista al mar, le seguía un comedor con dos ventanas al costado y atrás, un dormitorio grande con dos grandes ventanas con vista al mar y una al norte con sol por la tarde. Además, la cocina, una despensa y el sótano, finalmente, el baño: en total 10 X 10 metros. En el patio hice construir un lavadero, una habitación para huéspedes y un toilet. Siguieron los trabajos de pintura y todo se iba terminando cuando Frieda embarcó en el “Cap Roca” con rumbo a Buenos Aires.

 

Como yo tenía que esperar un vapor que viniera del sur para ir a su encuentro, le mandé un largo telegrama en alemán a la Agencia Delfino, la que gentilmente se lo adelantó en Montevideo.

 

Por lo tanto, no pude esperarla en el muelle cuando amarró el “Cap Roca”, ni satisfacer la curiosidad de sus compañeros de viaje. El Capitán retuvo a Frieda abordo y la llevó personalmente al “Kaiserhof” (luego Hotel Jousten). Por ironía del destino, la primera persona que había conocido Frieda en la mesa del capitán fue el Inspector Weiss, quien había navegado mucho en la costa sur y me conocía, con lo cual se demostró una vez más que el mundo es un pañuelo.

 

Entre tanto también había arribado mi vapor procedente del sur. La despedida fue húmeda y alegre, estrenando el muelle nuevo. El viaje comenzó con mar gruesa a la salida del golfo y yo tenía nuevamente un pasaje de 1. Clase “sin cama”.

 

07-02-1967

 

Cuando nuestro vapor llegó a Buenos Aires, Frieda me esperaba en el muelle. La alegría del reencuentro fue grande después de casi 3 años.

 

Lo primero que hicimos fue ir a visitar al Capitán del “Cap Roca” para saludarlo y despedirnos, ya que su barco ya volvía a partir. A continuación fuimos al “Kaiserhof” (Jousten), Naturalmente que teníamos mucho que contarnos. Después del almuerzo me fui a dormir, era la primera cama que veía desde mi partida de Madryn.

 

A la tarde fuimos a la iglesia para anunciar nuestro casamiento.  Pedimos al Pastor von Wicht (Pastor de la Misión de los Marinos) que nos casara el sábado – debe haber sido un jueves. Al día siguiente fuimos al Registro Civil y visitamos al Pastor y a su señora e invitamos a algunos pasajeros de nuestros respectivos vapores a la ceremonia para no estar tan solos. entre otros también al Capitán de mi vapor, Ulrich Lehmann y a la familia Hermel con Hannchen, a quien Frieda ya había tenido ocasión de conocer. Lehmann y Hannchen se casarían más tarde, desgraciadamente la guerra se llevó a Lehmann siendo comandante de un submarino.

 

Así llegó el 23 de abril de 1910, el día de nuestra boda. La Sra. Jousten se preocupó amorosa y diligentemente de hacer los preparativos. Al caer la tarde fuimos a la iglesia de la calle Esmeralda, nuestros fieles invitados ya estaban reunidos. El Pastor nos habló de manera muy conmovedora y nos dio una sentencia: “Todas vuestras penas confiadlas a Él, pues Él vela por vosotros” (Alle Eure Sorgen werfet auf Ihn, denn er sogt für Euch). No estábamos solos en el mundo!

 

Después de la andanada de felicitaciones invitamos a nuestros amigos al Kaiserhof, donde la Sra. Jousten ya había preparado todo. Además del Prof. Eberlein, el artista y escultor que había traído el friso para el monumento de San Martín (estábamos en el año que se festejaba el centenario de la independencia argentina) y quien había venido en el “Cap Roca” con Frieda, el Capitán Lehmann, el Inspector Weiss, el Sr. y la Sra. Jousten, la Sra. Weibel y Hannchen Hermel había un total de 14 invitados. La reunión se animó y en medio del jaleo, el Prof. Eberlein se empeñó en componer una canción en honor del acontecimiento que fue muy aplaudida y que, provista de la firma de todos los presentes, pasó a ser la primera hoja de nuestro álbum familiar.  La tertulia terminó cuando hubo suficientes botellas vacías haciendo guardia a lo largo de la pared. Habíamos encontrado amigos, también en tierra extraña.

 

Frieda y yo tomamos el ascensor y subimos al denominado séptimo cielo.

 

Sin embargo, la mañana siguiente, domingo, nos vio nuevamente en la iglesia. El Pastor y sus palabras nos habían gustado tanto! Teníamos que hacer acopio para el camino, hacía muchos años que no pisábamos una iglesia!

 

Los días que nos quedaban hasta la partida del siguiente vapor que iba al sur, el “Presidente Quintana” los ocupamos con visitas y paseos.

 

De los paseos, el que más nos gustó fue Palermo, donde los “porteños” (de “puerto”, es decir los que viven en el puerto, denominación que se da a los habitantes de Buenos Aires) pasean, particularmente los domingos, bajo palmeras y junto a pequeños lagos artificiales en medio de hermosos jardines y pérgolas, sobre calles asfaltadas en coches abiertos de dos caballos o landós, mientras que en los caminos aledaños, provistos de muchos bancos, se pasean “los de a pie”. Esta fue quizá la imagen más característica del Buenos Aires de 1910.

 

También el camino de regreso a la ciudad, atravesando los jardines boscosos de la actual Plaza Francia era lindo y cuidado.

 

Sin embargo, el Buenos Aires de 1910 no era comparable con el de hoy. Las calles fueron siempre estrechas y había que admirar a los cocheros al verlos abrirse camino en el tránsito. Las veredas eran aún más angostas que ahora y en vista de los inminentes festejos del centenario de la independencia, el 25 de mayo, estaban rotas en muchos lugares.

 

Así llegó el día de nuestra partida. La primera escala fue en San Antonio, donde los buques alemanes (“Tucumán” y “Mendoza”) descargaban rieles de ferrocarril de procedencia belga para el trecho de tierra adentro, en dirección a Bariloche. Participamos de un festejo húmedo/alegre entre compatriotas y los demás pasajeros de nuestro vapor se admiraron a la mañana siguiente al ver que el agua de desagüe se llevaba todas las botellas vacías al mar.

 

Después amarramos en Puerto Pirámides, porque como ya mencioné, los vapores de la Hamburg-Süd seguían siendo los únicos que conectaban Buenos Aires y la costa sur. De allí que nuestro viaje durara ocho días.

 

Aquí cierro este Capítulo porque mañana llegaremos a Puerto Madryn.

 

CAPÍTULO 8

 

08-02-1967

 

Por la mañana, cuando salimos a cubierta, nuestro barco estaba amarrado a lo largo del muelle y después de tomar el desayuno nos despedimos e iniciamos nuestro camino hacia la nueva vida. Madryn se extendía ante nosotros bajo un sol brillante. Primeramente mostré a Frieda mi alojamiento de soltero y luego fuimos a nuestra nueva casa frente al mar. Todavía había unas cuantas cosas sin terminar, pero para Frieda significó el principio de una nueva vida. Para gran alegría de ella, la esperaba una gran cantidad de cartas de “allá” (drüben: Alemania). Mientras leía, sentada sobre una carretilla y entre lágrimas y risas las cartas de sus seres queridos, se acercó el Capitán de nuestra nave con un cuadro que Frieda había ganado en una rifa abordo y le sacó una foto con el cuadro y la carretilla, con el pañuelo en la mano y todas sus cartas, con lo cual la llegada de Frieda a Madryn y a su nuevo hogar entró en la historia y más tarde al álbum.

 

La nueva casa, con sus muchas y altas ventanas que necesitaban cortinas, los pisos, los muebles que se acarreaban, todo lo nuevo y extraño, incluyendo el idioma, representaban problemas no menores para ella, pero gracias a su naturaleza alegre y positiva pudo solucionarlos a todos.

 

La familia Gomez, sin excepciones, trataron a Frieda con cariño y amabilidad y siguieron así toda la vida.  Además era costumbre que las señoras residentes fueran a saludar a la nueva vecina y le ofrecieran su casa. En estos casos, cuando Frieda había terminado de decir su escaso repertorio idiomático y ya no sabía que hacer con las visitas, entonces les mostraba su voluminoso ajuar. También los capitanes, los primeros oficiales de máquinas y los médicos de a bordo de la Hamburg-Süd venían gustosos en cualquier momento. Lo primero que miraban por la mañana era si salía humo de nuestra chimenea y entonces se acercaban caminando a lo largo de la playa, traían un buen pan negro, manteca fresca, a veces también un pedazo de salchicha o queso. Por nuestra parte, aceptábamos con frecuencia y con gusto sus invitaciones para subir abordo, porque los barcos de la Hamburg-Süd eran un pedazo de la Patria lo mismo que para los otros jóvenes alemanes que estaban en tierra, como el Sr. Steinhoff, de la empresa Diego Meyer & Cía.

 

Entre tanto, yo me había enfrentado con todo el trabajo que se había atrasado. También había mucha actividad en el negocio, de manera que a veces tenía que volver a la oficina después de cenar. Ya estábamos en mayo y en junio empezaban los preparativos para el inventario, después el balance, las copias para Punta Arenas, etc., por lo que muchas noches tenía que dejar sola a Frieda.

 

09-02-1967

 

En julio o agosto del año 1910 resolvimos invitar a la mejor amiga de Frieda y sobrina segunda de Hermann Zietz, el marido de la hermana mayor de Frieda, Adele, para que nos visitara en Madryn. Adele, con su vena literaria, escribía con motivo del cumpleaños de Frieda, el 27 de noviembre:

 

El más lindo regalo le llevará seguro nuestra Else

en aras de vieja amistad con el telegrama que diga,

“Viajo”.

 

(Das schönste Geschenk bringt ihr sicherlich unsre Else

dar in altfreundschaftlicher Weise, mit dem Telegramm-

Wort „ich reise“.)

 

Hacer versos era un don de muchas personas como el Sr. Dr. Wlotzka, médico de uno de los vapores alemanes que dedicó estos versos a Frieda:

 

“La foto de Else cuelga en la pared:

viva la casa en la playa de Madryn!”

 

(Elses Bild hängt an der Wand;

hoch leb’ das Haus am Madryn-Strand)

 

Antes de que llegara el momento de recibir a Else Blumenthal en Buenos Aires, el Sr. Gomez fue nombrado director de la Sociedad Anónima en Punta Arenas. Hubo abundantes festejos de despedida, pues la familia era respetada y querida y el propio Gomez se había hecho merecedor de reconocimiento. Según nuestro Libro de Familia se despidieron el 14 de febrero de 1911, después una bonita cena y tertulia.

 

Entre tanto, Else ya se había puesto en camino y Frieda se preparaba para recibirla en Buenos Aires. No les iba a ser difícil llenar el tiempo que mediaba hasta la partida  hacia Madryn considerando los muchos amigos que habíamos hecho. Pero el viaje por mar hacia Madryn en la pequeña “Quintana” y con mar gruesa la espantaba, prefería morir, pero el buen Dios no la quiso todavía. Sus compañeros de viaje, la Sra. Lüdden de Alemania y el Sr. Wegmeyer de Buenos Aires figuran en nuestro Libro de Familia con fecha 24 de marzo de 1911.

 

Así fue que Frieda tuvo compañía, y le vino bien porque quedó embarazada: el 12 de octubre de 1911 nació nuestra primera hija, Elsita (Else Minna Catharina). La asistió el Dr. Martinengo, nuestro médico local con habilitación de las autoridades, ya que no había un médico argentino. La partera, Doña Carmela, esposa de Juan Di Natale, quien me llevó a tierra en 1907, no pudo ayudar porque ella misma estaba en la dulce espera.

 

10-02-1967

 

El sucesor del Sr. Gomez en la Sociedad Anónima era un viajante, Juan N. Toso, quien ocupó el cargo algo menos de un año y había agarrado bastante bien el ritmo del negocio. Pero cuando el Sr. Gomez se enteró que por la mañana, cuando todos iban a trabajar, dejaba salir las prostitutas por la puerta principal del edificio de la gerencia lo destituyó de inmediato, telegráficamente y me nombró como sucesor.

 

Naturalmente que era un gran honor para mi, pero este cargo también implicaba muchas preocupaciones: el negocio con la competencia y los precios; el galpón de chapa en el mismo terreno, con cajones y bolsas cerradas cuyo contenido debía figurar en la administración de las existencias para que no nos quedaran “clavos”; dos grandes galpones de chapa junto al ferrocarril para lana y mercadería y dos tinglados para la madera sueca, etc.

 

A esto había que agregar los vapores de la Anónima que llegaban uno tras otro y los vapores norteamericanos, alemanes e italiano que representábamos, para cuya carga y descarga siempre dependíamos del ferrocarril. Además, la filial de Ñorquincó y todo los comercio pequeños que estaban sobre el camino hacia aquella. Estaban también los “fiados”, los viajantes, las montañas de correspondencia. Y a la noche, cuando reinaba la paz, teníamos que hacer los pedidos, incluyendo de las provisiones para los vapores. No hay que olvidar la envidia que pone dificultades en el camino. Particularmente el gerente del ferrocarril que llegó hasta la calumnia –que no me aguanté- y que en la primera oportunidad me denunció al viejo Menendez. También estaban los Inspectores de la Anónima, que en lugar de solucionar problemas nos amargaban la vida: o bien pedían prestado a los Gerentes, como Strassmann, o se prestaban para cochinadas, como Rheder. Escribían a mis espaldas en vez de discutir y solucionar los problemas conmigo, lo que daba motivo para telegramas de Punta Arenas y contestaciones. También tenían orden de comunicar “todo lo que oyeran”: es fácil imaginar las situaciones poco felices que se producían.

 

En total, era mucho honor y trabajo, pero poco pan.

 

Cuando Punta Arenas quería saber dónde habían sido construidas las endiabladas pequeñas barcazas de la Hamburg-Süd: pregúntenle a Grimm. Cuando necesitaban un capitán: pregúntenle a Grimm. Servíamos para todo: escriba a la Roland Linie en alemán, después tenía que traducir las cartas al español, pues las copias de toda la correspondencia iba a Punta Arenas.

 

Durante el tiempo que pertenecí a la Sociedad Anónima hice un viaje a Ñorquincó. Desde allí, emprendimos el viaje al Maitén, donde cruzamos el río Chubut. Mi caballo era muy inquieto, casi me mata al montarlo pues se metió en un galpón. En la mitad del río tropezó. Miré hacia abajo, me mareé y caí de espaldas al agua. El río me arrastró, pude agarrarme a una piedra grande. Guerrero, el dueño de nuestra carreta de mulas me sacó de allí. Yo estaba completamente empapado, pero no quise volver atrás. Así fue que seguimos cabalgando hasta el Boquete de Bolsón, donde me administraron toda clase de brebajes calientes y me metieron en cama y colgaron mis gruesas ropas para que se secaran. Pensé cosas fantásticas toda la noche, pero al mediodía del día siguiente mis ropas y mis botas de caña alta estaban en condiciones para que pudiera volver a ponérmelas.  Cabalgamos a través del valle de Bolsón, Las Golondrinas, maravilloso, volvimos a salir cerca de Epuyén, en Rincón de Cholina pasamos nuevamente el río hacia Colonia Cushamen y de allí, de vuelta a Ñorquincó. Desde allí todavía hice una escapada a Bariloche, de belleza admirable, pero sin comunicación, porque el ferrocarril solamente llegaba hasta Maquinchao. Llegué a Madryn con una gran barba que me hice recortar en forma de barbita en punta.

 

Al poco tiempo recibimos telegráficamente noticias de Ñorquincó: un turco que era cliente había vendido todo lo que tenía contra giro a Lahusen y se había mandado mudar.  Justo en esos días, yo estaba en cama con una inflamación de oído. A pesar de ello, resolvimos tomar el “Quintana” hasta San Antonio. En la sucursal local de Lahusen no logramos nada. Seguimos la pista del Turco y lo alcanzamos en Patagones. Admitió todo y dijo que viajaba a Buenos Aires por razones de salud.  Cuando estuviera mejor, pagaría. Quisimos seguir hasta Bahía Blanca, pero un 25 de mayo nos quedamos en el camino, detrás de un monte. Nos rescató la gente de una posta (hotel de campo?) y al día siguiente nos llevaron a Villa Luro donde pudimos subir a un tren de línea sin pagar boleto. Así llegamos a Bahía, a la civilización que representaba el Hotel Sudamericano. Visité al Sr. Diego Meyer y él me recomendó a su a bogado, pero no hubo nada que hacer.  Nuestra filial de Trelew también debería haber tomado medidas en este asunto, pero el juez de Rawson había cometido el error increíble de hacer valer derechos de terceros en Lahusen, en Buenos Aires, en lugar de hacerlo a través de un juez de Buenos Aires.  De allí que nos tuvimos que volver sin haber solucionado el asunto. Frieda se quedó en casa de los Lahusen, en San Antonio, ya que estaba esperando a Rudi. Yo volví a Madryn en junio, con un frío de mil demonios, en un coche abierto, tres días más tarde.

 

11-02-1967

 

Para contar otra cosa diferente de los viajes diré que un 9 de julio festejamos la Fiesta Patria en nuestra casa. Vinieron todos nuestros invitados. La fiesta resultó un éxito y siguió con cotillón y baile hasta la mañana siguiente.

 

El 28 de octubre de 1913 nació Rudi: la bandera subió al tope del mástil de la Casa Gerencia

 

También el compromiso y posterior casamiento de Else Blumenthal y Willy Oetken cayó en este período. A Willy Oetken lo mandé más tarde como jefe a nuestra filial de Ñorquincó donde trabajó muy bien.

 

Entre tanto habíamos abierto una nueva filial con autorización de Punta Arenas, en Talagapa, a medio camino de Ñorquincó, hacia el norte y en las montañas, que anduvo muy bien.

 

A propuesta de Fernando Sotz, constructor de coches y herrero abrí un Taller, igualmente con consentimiento de Punta Arenas.

 

En este período también hice un breve viaje a Punta Arenas. La casualidad quiso que viajara nuevamente en el “Flamenco” y que Mr Hutchison siguiera siendo 1. Oficial de Máquinas.  Regresé con un vapor de Hamburg-Süd visitando las filiales de la costa.

 

No puedo garantizar que todo lo que cuento sea cronológicamente correcto, pero creo que no es tan importante.

 

En 1914 empezó la 1. Guerra Mundial y puso todo de cabeza. Todos nos presentamos en el Consulado y nos anotamos.

 

El 1915 se me pidió la renuncia porque teníamos deudas, tanto Fernando Sotz & Cía como yo en forma privada. En cuanto a mi personalmente, debo admitir que nunca tuve un sueldo aceptable. Madryn era un lugar donde se trabajaba mucho, pero donde no se ganaba mucho dinero.  En el negocio teníamos que pagar intereses sobre el capital asignado y pagar intereses sobre la cuenta corriente y todo lo que se agregaba.

 

Me dieron un mes de preaviso, sueldo y casa, con la solicitud de que ayudara a mi sucesor (“casualmente” era el Sr. Rheder), en caso que me necesitara. Escribí una carta personal al Sr. Gomez preguntándole para qué servían los años de sacrificios personales que había ofrecido a la Anónima si en un momento dado no se los reconocía. No contestó mi carta. El era Director, pero José Menendez era Presidente de la Sociedad Anónima.

 

Aquí cierro mi informe, mañana tenemos que empezar una nueva vida.

 

CAPÍTULO 9

 

11-02-1967

 

Así fue que me quedé con una familia a cargo y lleno de deudas, pero sin dinero. Mi paternal amigo Agustín Pujol se hizo cargo de mi deuda con la Anónima. Se la pude pagar a él y a su viuda a lo largo de muchos años.

 

En cuanto a la cuenta “Fernando Solz y Cía.”, mi socio me urgía para que se rematara “todo”, pero yo no estaba de acuerdo con esa solución. Ya me había manifestado anteriormente, después que hubo organizado todo a su gusto, que se sentía demasiado viejo para seguir trabajando. La Anónima consiguió una autorización para proceder al remate hasta cubrir su crédito. Pedí a Pujol que comprara el resto a su nombre para mi, en bloque, por intermedio de su hombre de confianza, Julián de Castro: yo no quería ni podía permitir que se perdiera todo.

 

Entonces Sotz empezó a amenazarme. Hice la denuncia en la policía, pedí protección personal y permiso para portar armas. La policía le ordenó que no se cruzara en mi camino, hasta que un día, en la estación, me ofendió y me calumnió en presencia de testigos. Le inicié juicio y cuando el juez nos citó para una eventual retractación o conciliación prefirió irse al Territorio Nacional (ahora provincia) vecino.

 

Quiso la casualidad que en ese momento estuviera en venta, a través de un representante, el pequeño negocio del yugoeslavo Angel Spanich, de profesión constructor, quien había construido las casas de la Anónima y que había vuelto a Punta Arenas para buscar alguna ocupación apropiada. Yo tenía que empezar a hacer algo. Por eso le pedí una fianza de $ 5.000 m/n a mi paisano Hermann Kruse que tenía terrenos en Madryn y ovejas más arriba de Telsen. Me la concedió sin problema. Yo podía pagarle a Spanich en cuotas de $ 1.000.- mensuales. Por lo tanto, la “Tienda Madryn” nació con deudas y no saldría de las deudas por décadas, porque en un comercio siempre hay que comprar para mantener el surtido e incorporar las novedades.

 

El día que nos mudamos de la Casa Gerencia a nuestro nuevo negocio se quemó el “Kaiser”. Un vapor norteamericano descargaba nafta en cajones. Una eslinga se rompió, prendió fuego y todo se fue al tacho. El vapor pudo cotar los cabos. A bordo del “Kaiser”, sólo el maquinista ayudante sufrió severas quemaduras.

 

14-02-1967

 

Lo primero que hicimos en el nuevo negocio fue vender todo lo que de alguna manera era vendible.

Luego, el Sr. Juch von Wertheim, de Berlín, nos dejo (a nombre de Pujol, para no quedar mal con la Anónima), un surtido de muestras que nos vino muy bien.

 

Pujol también nos consiguió los saldos de la tienda de su cuñado Washington Jones, en Gaiman y compramos lo que quedaba de la tienda de Ciolfi, en Comodoro Rivadavia. Si bien había algunos “clavos”, como eran tiempos de guerra, a pesar de todo aumentamos el surtido.

 

También vinieron los viajantes, a quienes conocíamos desde hacía años y nos ofrecieron sus surtidos de muestras a cambio de pedidos.

 

Finalmente, la cosa empezó a marchar: Frieda me ayudaba fiel y valerosamente. Pero ahora vino la repercusión en mi salud que no había salido indemne de tantos problemas. Dormía afuera, en la galería, debajo de las enredaderas, para encontrar tranquilidad y poder distenderme, porque un comercio impone una buena cantidad de exigencias.

 

Así pasaron los años: el 20 de febrero de 1917 nació Friedita; hacía tanto calor que las velas encendidas se doblaban y amenazaban incendiar el revestimiento de madera. El 09 de junio de 1918 nació Wilhelm “el último”; la nieve lo cubría todo.

 

En 1919 tuve que ir a Buenos Aires porque se me había inflamado una glándula de la garganta y los médicos de Chubut no sabían qué hacer. El problema del exceso de pasajeros en el vapor seguía igual, pero el Capitán Jantzen me ofreció gentilmente el sofá de su camarote para que durmiera allí. Me operaron en el Hospital Alemán, en 3. Clase, porque no había lugar en ninguna parte. Cuando me dieron de alta, me hice socio de la Mutual del Hospital Alemán (DKV) por $ 3.- al mes. Como entrevisté al Presidente, Sr. Pahlke, para que considerara la asociación grupal de la Unión de Residentes Alemanes de Chubut (Deutsches Volksbund) estaba muy interesado en saber cómo era la atención en la 3. Clase. Le hablé de la excelente atención recibida por lo que se mostró muy complacido. Me dijo que frecuentemente le llegaban quejas, pero que a pesar de las investigaciones realizadas, nunca se había podido comprobar si respondían a la realidad.

 

Antes de seguir escribiendo tengo que añadir que al estallar la guerra, los dos vapores alemanes “Bahía Blanca” y Nauplia” se habían refugiado en el puerto de Madryn. Todos nos habíamos hecho buenos amigos. El capitán del “Bahía Blanca” murió cuando, en compañía de un grumete, quería acercarse a tierra en un pequeño velero. Una ráfaga debe haber volcado la embarcación. Al parecer quiso salvarse nadando pero probablemente sufrió un infarto. El grumete llegó a tierra sólo al cabo de varios días. Hubo grandes manifestaciones de pesar de la población que lo acompañó a su última morada.

La guerra había terminado y perdido. Los vapores fueron remolcados. La tripulación no tenía mucha confianza y había tirado parte de las máquinas por la borda. Los despedimos con sentimientos encontrados.

 

Aparte de una tarjeta postal del tío Karl Klüver que daba la noticia de que la querida mamá Klüver había muerto de su mal del corazón  (1915), estuvimos durante años sin noticias hasta que el viajante Pagola se ofreció a solicitar informaciones de “alla” en Buenos Aires, a través de una Oficina de Informaciones que funcionaba en el Palacio Real, en Madrid. Al cabo de unos 2 meses, llegó un telegrama de Buenos Aires: “Todos los que fueron a al guerra volvieron a salvo; Su padre falleció en noviembre 1918; su madre muy enferma” (Krieger alle wohlbehalten zurück, Ihr Vater starb November 1918; Ihre Mutter schwerkrank). Fue un duro golpe: mi padre no había querido comer comida que según el plan de racionamiento, no le correspondía, si bien le mandaban alimentos de Haarberg. El fin de la guerra lo encontró debilitado; la revolución o el gobierno socialista no iba a poder pagar las jubilaciones. Un resfrío se convirtió en pulmonía y se lo llevó. Mi madre estaba en tratamiento desde hacía muchos años por un cáncer de mama, era objeto de ensayos en el Hospital de Eppendorf y sin embargo, sobrevivió a papá. Destino de emigrantes, ni Frieda ni yo volvimos a ver a nuestros padres.

 

La casualidad quiso que durante mi viaje a Buenos Aires me ofrecieran la tienda “La Alemana” en Comodoro Rivadavia. Desde hacía algún tiempo considerábamos la idea de que nuestros hijos crecieran en Buenos Aires y fueran a una escuela alemana. Acepté el ofrecimiento, me aseguré el apoyo de nuestro amigo Alfred Völsch, a quien conocíamos a través de Hans Oetken, y me fui directamente a Comodoro Rivadavia, acompañado de un antiguo empleado de la Compañía Mercantil Chubut en Madryn. Todo anduvo bien. Pude volver a Madryn con un auto de Lahusen & Cía. que iba a buscar al jefe Sr. Gröne a San Antonio. Tardamos casi tres días.

 

Ahora empezamos a hacer planes para el traslado a Buenos Aires. Un vasco-francés de nombre Baigorri se mostró dispuesto a hacerse cargo de la Tienda Madryn. Era una decisión difícil, pero yo estaba dispuesto a aceptar sacrificios y esperaba poder manejar ambos negocios desde Buenos Aires.

 

CAPÍTULO 10

 

15-02-1967

 

A fines de 1920, Frieda viajó en vapor a Buenos Aires con los chicos y su empleada, una rumana que se llamaba Sofía Murza y se hospedó en el Hotel International, enfrente del Palacio de Gobierno. Cuando paseaba por Florida con los chicos y Sofía, vistiendo el traje regional y con Wilhelm en los brazos, llamaba la atención. Mientras me esperaba, Frieda se puso a buscar una casa para la familia.

 

Yo la seguí por tierra. Se había juntado un grupo de viajantes. Salimos de Madryn con Ambrosio Suarez en su Studebaker antes que amaneciera para llegar a San Antonio con luz. Eramos 8 pasajeros y equipaje. Al día siguiente pasamos por Martinena hacia Río Colorado. Después del mediodía del día siguiente llegó el tren de Neuquén, el que nos llevó hasta Bahía Blanca. Cuando vimos todo nuestro equipaje en la estación de Río Colorado nos admiramos del rendimiento del Studebaker y de su chofer. Desde Bahía tomamos el tren nocturno a Buenos Aires.

 

Entre tanto, Frieda había encontrado una bonita casa en Urquiza, Bauness 2760, frente a la plaza: a la tarde la fuimos a ver. Una hora de viaje en el tranvía Lacroze, 10 centavos por persona. La propietaria ya nos estaba esperando y el alquiler ya estaba arreglado. Al día siguiente pude firmar el contrato de alquiler y el Sr. Gomez salió diligentemente de garante. Compramos lo indispensable para poder salir del hotel y nos mudamos a nuestro nuevo hogar.  Tenía una entrada en el medio. De un lado y hacia la calle, había una espaciosa habitación independiente que serviría de oficina. Del otro lado, un gran dormitorio con ventana a la calle y a continuación, dos dormitorios que daban al jardín. Además, un comedor saliente, cocina y habitación de servicio. Pagábamos $ 200.- de alquiler, pero estábamos muy conformes.

 

Pusimos los dos chicos mayores en la escuela alemana de la calle Monroe, detrás del Hospital Pirovano. Podían ir solos a pie hasta allí. Ah! No, no es cierto, estoy pensando en Coghlan y no en Urquiza. En la estación Urquiza tenían que tomar los viejos coches break de cuatro ruedas, llamados “guarderías de pulgas” (Flohkisten), que los dejaban en la vereda de la escuela. Esta “Monroe Schule”, cuyo director era el Sr. Heidrich y luego el Sr. Albicker, era una obra comunitaria, como todas las escuelas alemanas del país. Tenían buenos maestros y las clases se dictaban por la mañana, de manera que los chicos iban a comer a su casa y por la tarde podían hacer sus deberes bajo la supervisión de Frieda. La plaza tenía juegos para los chicos. Nos gustaba vivir allí.

 

15-02-1967

 

Entre tanto había organizado mi trabajo. Tenía que llevar tres contabilidades obligatorias pues estaba inscripto en el registro de comercio. Lamentablemente sólo podía pagar una parte de mis compras de mercadería en efectivo, ya que siempre tenía que pagar y nuevamente dependía de las compras a crédito.

Para hacer el inventario y el balance al 30 de junio siempre me iba a Madryn, muchas veces con mucho frío. Cuando iba de noche, desde San Antonio en el viejo Ford, a Madryn, los compañeros de viaje que iban atrás llegaban “azules”.

 

En 1921 vino mi hermano menor Alfred a nuestra casa en Urquiza. Había estado en la guerra siendo muy joven y llegó vistiendo pantalón militar. Trabajaba conmigo en la oficina, en Urquiza y en junio cuando tuve que ir a Madryn, lo llevé. Desde Río Colorado había otra posibilidad de transporte hasta San Antonio donde Willy Oetken dirigía la Sociedad Anónima.

 

Los balances me demostraron que mi programa no era viable. En pequeños negocios al por menor no se puede ganar lo suficiente para vivir y pagar y pagar. Por la tensión no solamente se resintió mi sueño, sino que mi salud estaba en camino de irse al tacho. Volví de Comodoro Rivadavia pasando por Madryn, donde hablé con Pujol- y en Buenos Aires mostré mis libros a mis acreedores. Encontré comprensión y tolerancia y pude empezar de nuevo.

 

En 1922, Frieda y los chicos, Willy Oetken y Else fueron “allá”. Mi representante en Comodoro había vendido mi negocio con mi consentimiento y había transferido el adelanto. Por eso pude dar a Frieda algún dinero para que hiciera compras, si bien Alemania estaba pasando la más galopante inflación.

 

Apenas se hubo ido Frieda tuve un conflicto con el propietario de la casa. Se había caído un gran pedazo del revoque del techo del comedor. Como empezó con dilaciones, lo hice arreglar y le desconté $ 50.- del alquiler. El “hombre de honor” ocultó mi cheque y me hizo juicio de desalojo. Presenté mi libro copiador, pero el juez de paz no lo admitió como prueba y fallo por el desalojo. ¿Y ahora, a donde ir?. Gracias a los oficios de las familias Wrang y Castritius me acomodé más mal que bien en Colegiales, en la calle Concepción Arenal, cerca de la barrera de Cabildo. Los empleados de la empresa de mudanzas hicieron todo. Dejé a nuestra fiel ayudante doméstica Tercila y a mi ayudante de oficina, una chica judía, en Colegiales y me tomé un buque tanque a Comodoro Rivadavia para entregar el negocio.

 

 

16-02-1967

 

En Comodoro Rivadavia todo se dio como estaba previsto y pude empezar a pagar. Mis sucesores fueron Lütt y Frank. La mujer de Lütt tenía dinero de su primer matrimonio, la empresa construyó su propia casa en la esquina de la misma cuadra, se encargó de tener un buen surtido e hizo plata, de manera que un buen día se pudieron separar. Lütt compró un gran complejo en Bariloche, sobre el camino a Llao Llao, se construyó una linda y cómoda casa y subdividió el resto en lotes para venderlos. Los visitamos allí cuando estuvimos en Bariloche para las bodas de plata de Frida y Peter. Estuvieron encantadores con nosotros. Frank se fue a Córdoba.

 

En el interín, Baigorri se había cansado de Madryn, decía que “solo” podía ganar más dinero. Se estableció en la calle España con apoyo de su paisano Félix Arbeleche, pero fue un fracaso.

 

Para sucederlo llamé a Alfred que estaba en San Antonio. El negocio nunca trabajó tanto como en el tiempo de Alfred. En las vacaciones de verano de los chicos, Frieda iba a ayudarle, hasta que al cabo de los años llegó el día que dijo: no puedo más, por favor, vengan.

 

A mi regreso a Buenos Aires y como estábamos muy apretados en Colegiales, pude alquilar por $ 50.- al mes una espaciosa oficina en la calle Bartolomé Mitre 754, donde trabajos con entusiasmo porque podía comprar nuestra mercadería al contado.

 

Más tarde, incorporé a Rudi, después que terminó el colegio alemán de la calle Monroe y no sabíamos muy bien qué iba hacer, para que empezara a trabajar conmigo, hasta que un día el Sr. Hügel de la empresa lanera Staudt & Co.  nos ofreció un puesto de aprendiz (cadete) para él.

 

Cuando Elsita terminó la escuela secundaria, estudió para Maestra de Escuelas Particulares bajo la dirección de una profesora, aprobó su examen y se convirtió, bajo la dirección del Sr. Albicker, en la primera maestra, directora, etc. , todo en una persona, de la nueva escuela alemana de Munro.

 

Frieda y los chicos estaban en Madryn cuando se presentó la oportunidad de alquilar una casa en la calle Nahuel Huapí, en Coghlan. Tomé  rápidamente la decisión y me mudé. Era un lugar muy agradable y cerca de la estación y desde allí nos mudamos más tarde a la calle Guanacache donde fuimos muy felices y donde los chicos, ya crecidos, encontraron un hogar apropiado.

 

En el entusiasmo de contar me he salido de la cronología en la relación de los acontecimientos, pero en última instancia, no se trata de un diario.

 

En 1925 viajé a “allá” para ver si conseguía una buena representación que pudiera atender paralelamente con la Tienda. Viajé con el “Cap Polonio en segunda clase por consejo de un tal Sr. Moser, a cuya casa íbamos a almorzar con Willy Oetken, y dispuse de un camarote para mi solo hasta llegar a Hamburgo. Fue un lindo viaje, el barco dejó atrás todas las preocupaciones. Pero lo mejor fue la llega, Blankenese arriba. Todo el mundo saludaba, los músicos de abordo tocaban, los demás pasajeros se asombraban y participaban con entusiasmo. Todos me recibieron en el desembarcadero, llovieron invitaciones. Dormía en la Heitmannstrasse, en casa de mi hermana Paula y su marido.

 

En Leipzig me esperaba un tal Sr. Schmidt que había trabajado una vez en mi oficina. Ya me había conseguido una pensión en el mismo edificio en que vivía.

 

Peinamos toda la Exposición –no podíamos haber encontrada algo más grande- y para lo más chico luego me faltó tiempo.

 

Schmidt también me acompañó a la salida del tren que iba a Frankfurt pasando por Bebra, donde me esperaba mi cuñada Lotte, a pesar que no nos habíamos visto nunca. Ya en esa época, mi hermano Hans no podía hacer nada que no fuera correcto. Me quedé algunos días con ellos. Con sentimientos encontrados vi pasar un convoy de soldados franceses en dirección a Mainz, Alemania todavía estaba ocupada.

 

Mi hermano Hans era Director de la fábrica de cobre en Gustavsburg.

 

De vuelta en Hamburgo me hice una escapada a Curau con Emma Paetzel, la hermana de Frieda, a la casa paterna y al cementerio. También fui a Bockholt y a Fassendorf, donde conocí a Meta Klüver de Knoop y a Arnold.

Volví con el “Monte Sarmiento”.

 

Entre tanto, Frida había terminado la escuela alemana y un año más tarde lo había hecho Wilhelm. Frida fue a la escuela inglesa de Miss Comry en Belgrano (“poor little Frida”) y Wilhelm entró en Bunge & Born por mediación del Sr. Blum, padre de un compañero de la escuela, donde adquirió gran práctica.  Más tarde, los años de la guerra pondrían fin a su carrera.

 

En ese tiempo ya nos habíamos mudado a la calle Guanacache, en Coghlan, donde nos sentimos muy cómodos.

 

17-02-1967

 

El día que llegó el telegrama de Alfred que ya mencioné dejé todo y salí al día siguiente agobiado de ansiedad porque no sabía cuando volvería. El destino de los patagones incluye el hecho de que en aquellas tierras debe estar solo y la mujer con los chicos, en Buenos Aires. Los inviernos eran largos y fríos. Los domingos por la tarde salía a pasear al campo para distenderme al menos una vez a la semana. Quien no tiene alma de comerciante agota sus fuerzas diariamente. Frieda me hacía compras y me conseguía cosas, Rudi me hacía las anotaciones necesarias para que yo pudiera seguir haciendo la contabilidad (aunque generalmente resultaba que la caja de la mami tenía errores) y en Madryn venían los viajantes y dejaban sus valijas, muchas veces trabajo nocturno para mi. Y las noches eran tan largas cuando el sueño no quería venir y a pesar de eso, a la mañana siguiente había que poner cara amable.

 

Pasaron años hasta que vino Michel para hacerme compañía. Se había comprometido con Elsita y ambos contaban con el negocio de Madryn, con lo cual se solucionaban todos los problemas. Nos entendimos bien desde el primer día, creo que no se necesitaba mucha ciencia para llevarse bien con Michel, aunque debo admitir que cada persona tiene su particularidad. Basta de reflexiones, llegó el día que Michel partió para hacer los preparativos de su casamiento y yo lo seguí a los pocos días. Era el primer casamiento en casa de los Grimm: la iglesia estaba llena de gente, las damas de honor de la novia, encantadoras y entre los numerosos congratulantes deseo mencionar sólo uno, mi viejo compañero de la escuela Baass, que estaba casado con una hija del director de banco Karnatz. Fue una sorpresa sumamente grata para mi. Festejamos la boda con un grupo de amigos cercanos en la casa de la calle Guanacache.

 

Apenas hubo terminado la fiesta partí de nuevo hacia Madryn con el encargue de hacer pintar las diferentes habitaciones con los colores deseados. Cuando llegaron Michel y Else, me quedé algunos días más hasta poner en marcha todos los detalles y luego pude volver a mi mujer, a mis hijos y a mi hogar. Cuando volvía del sur, repetía siempre: Qué suerte la de Uds. que viven aquí, bajo todos estos árboles verdes y rodeados de personas que los quieren bien.

 

17-02-1967

 

En 1934 Frieda estaba muy mal. Nuestro viejo médico familiar del tiempo de la plaza de Urquiza, el Dr. Velazco propuso llevarla nuevamente a Madryn. Así fue que vaciamos nuestra preciosa y querida casa de Guanacache, almacenamos todos los muebles en Bmé. Mitre 754 y partimos hacia Madryn, dejando a Rudi y a Wilhelm en una pensión de la calle Piedras.

 

En Madryn, Michel y yo hicimos el inventario y el balance pero tuvimos que aceptar que así no se podía seguir. Michel abandonó lo que podía abandonar y partió a Buenos Aires por mar para buscarse un trabajo. Más tarde, fui por tierra para embalar todos los muebles, etc.  Los embarcamos en dos tandas, una con la Anónima y la otra con la Hamburg-Süd, compré papeles de empapelar y otras cosas para nuestra casa de la playa y finalmente pude regresar a Madryn después de haber hecho algunos contactos relacionados con los envíos de mercadería.

 

El 05 de agosto de ese año nació nuestra primera nieta, Irene. Algún tiempo después, Else y su bebé fueron a reunirse con Michel.

 

Frieda y Fridita pasaban todo el tiempo que podrían tomando sol en la galería, pero la salud de Frieda no mejoró mucho. Como Frieda todavía tenía una parte de la herencia de su hermana Emma en Alemania, su hermano Karl consiguió pasajes a Alemania para ella y Fridita. Los baños calcáreos y ferrosos de Pyrmont le hicieron bien; también el reencuentro con los hermanos que quedaban y la vieja Patria. Volvió renovada, mientras Fridita se fue a casa de Else y Michel, en Concordia y se buscó trabajo. No puedo dejar de mencionar que en el viaje de vuelta de Alemania, Fridita conoció a su Peter y se enamoró de él. Se puede apreciar cómo el destino maneja nuestras vidas.

 

El 01 de mayo de 1935 asumí la intendencia de la ciudad de Madryn para la que había sido elegido. Mis viejos amigos, en este caso Gallastegui y Soto me ofrecieron el cargo porque “me tocaba” y debo admitir que nunca me sustraje a los requerimientos que me impuso mi Patria adoptiva. La nueva Escuela Nº 27 es la mejor prueba. El Presidente del Consejo Nacional de Educación, Ing. Pico era prácticamente inaccesible, pero una noche me autorizó: “Diga a la población de Madryn que tendrán su escuela”. Pasaron meses hasta que una comisión de Madryn me llamó y desenterramos el expediente del archivo del Consejo. Se trataba de una ley que disponía la construcción de 12 escuelas, para cada una de las cuales se solicitaba una cuadra de terreno. El ferrocarril había donado la cuadra, pero cuando la tuvo que transferir adujo que el terreno del Consejo Nacional de Gaiman coincidía con la traza de las vías. Pasaron meses hasta que Gaiman obtuvo otro terreno y en compensación, el ferrocarril transfirió el terreno de Madryn. Mis servicios eran remunerados con $ 300.- a cuenta: nunca vi el resto.

 

18-02-1967

 

De mi paso por la administración de la ciudad no necesito contar mucho. Sólo hice lo que muchos habían empezado a hacer antes que yo. Principalmente nos ocupamos de las calles y de su mantenimiento y del camino de entrada a la población. También pusimos orden en la contabilidad. Cuando Obras Sanitarias insistió en la normalización de la provisión de agua – todos los terrenos tenían deuda y no se podrían vender – lo que nos había llevado hasta el Presidente Dr. Marcelo T. de Alvear, aparecieron los demagogos y dijeron que “no podían pagar”. Los demás miembros del Concejo Deliberante renunciaron y como no tenía intención de convertir mi cargo honorario en gobierno unipersonal renuncié y devolví al pueblo su derecho de votar.

 

Como modesto momento de gloria de este período deseo recordar la visita del Ministro del Interior Dr. Leopoldo Melo, del Gobernador y su comitiva quienes me encomendaron la honrosa tarea de transmitir al Concejo Deliberante y al personal, particularmente de la plaza pública sus felicitaciones por el estado de la población. En aquél tiempo todavía teníamos suficiente agua: la plaza era un mar de flores que brillaba en el sol.

 

Podría agregar a los logros la entrada y la verja del cementerio que el Concejo Deliberante resolvió construir durante mi gestión.

 

 

CAPÍTULO 11

 

22-02-1967

 

1935/36: Cuando Frieda volvió de Alemania, volvimos a nuestra vieja y querida casa frente al mar. Hicimos rellenar el jardín delantero con tierra y Frieda se ocupó con cariño de sus plantas y sus flores.

 

En 1937, Rudi trajo una nueva hija a la familia: Rosi. Aprendimos a valorarla y a quererla. Este feliz acontecimiento está relacionado con no pocas lágrimas: ¿viene o no viene?. Cuando vino, llevó a Rosi al altar en el Club Alemán, estuvo en la fiesta y se volvió a ir. En ese momento, Fridita ya trabajaba en Buenos Aires y Michel en Bahía Blanca, lo cual le impidió estar presente en el casamiento de Rudi y Rosi.

 

En 1939 estalló la 2. Guerra Mundial, con todas sus nefastas consecuencias. Fridita y Peter se habían casado: la ceremonia fue en la Iglesia Alemana, ofició el Pastor Mirus (Hafenstädter), hubo una bonita fiesta en el Club Alemán y la partida hacia Brasil, hacia un nuevo mundo. Wilhelm, que estaba haciendo su servicio militar de tres meses se durmió y estaba arrestado.

 

En 1940 ya no hubo nada que hacer para Wilhelm en Bunge & Born. También entró en Staudt, presumo que por recomendación de Rudi. Staudt lo mandó con Feldtrappe que bajara por la costa hasta Punta Arenas. Lamentablemente este viaje terminó con muy malos recuerdos para Wilhelm, pues Feldtrappe no resultó ser un caballero.

 

Pero al poco tiempo, Staudt fue puesta en la lista negra. También ¿? Si es cierto lo que me dijeron. Como Staudt no quiso aumentar los sueldos mientras durara la guerra, Rudi se puso por su cuenta. A pesar de la lista negra, Rudi pudo afianzarse y construir una nueva vida y un nuevo campo de actividades.

 

Wilhelm vino conmigo a Madryn y luego un año por cuenta propia aunque bajo mi nombre, porque yo estaba muy cansado.

 

En estas circunstancias, un día se presentó Rudi en Madryn y me propuso que Wilhelm se hiciera cargo del negocio con su testaferro Landa. Yo me alegré de ver una posibilidad de salir de allí. Así surgió la empresa Grimm y Landa SRL que trabajó bastante bien, si bien con el tiempo Landa resultó un fracaso.

 

Habíamos hecho una ampliación del edificio nuevo de la Tienda  para Landa y su familia.

 

12-02-1967

 

 Ya que hablo del edificio nuevo de la Tienda, tengo que agregar algunos datos:

Cuando Michel estaba conmigo en Madryn, es decir antes del casamiento, el apoderado de la viuda Ferrari, propietaria del terreno, me ofreció la casa en venta. Dado que Mr. James cobraba los alquileres, le pedí una tasación del terreno y le hice una oferta al apoderado por el mismo precio,, siempre con la condición de que pudiera concederme cómodas condiciones de pago. Aceptó y obtuvimos el edificio viejo de la Tienda.  Cuando quedaron saldadas las cuotas, tuve que pedir al escribano Catalá que intimara al apoderado la transferencia del terreno. Si mal no recuerdo, anteriormente se había hecho en Buenos Aires una escritura de promesa de compra-venta y allí se demostró el doble juego del apoderado que quería que Frieda le diera $ 1.000.- a cuenta sin recibo. No sigo ahondando en este asunto para no reavivar aún más recuerdos desagradables.

 

La casualidad quiso que en mi viaje al casamiento de Fiti y Peter viajara en el mismo camarote con el Juez Letrado de Río Negro. Para el regreso había pedido un borrador de la escritura de compra-venta y como el Juez nuevamente viajó conmigo y había sido muy amable conmigo, junté valor y le pedí su opinión. Me alertó sobre algunos detalles, lo que comuniqué a Frieda por escrito a mi llegada a Madryn. Fue motivo suficiente para que el escribano se sintiera incómodo.

 

La vieja y querida casa se había puesto “demasiado vieja” y resolvimos demolerla y construirla nuevamente. Diógenes García se mostró dispuesto a alquilarnos el ala del edificio de su comercio que daba al Hotel Vasconia y San Juan por el tiempo que durara la construcción. Nos mudamos. Desde que Wilhelm se había hecho cargo del negocio se había puesto de acuerdo con Luis Palma y trabajaban bien en el local provisorio.

 

Ya habíamos empezado con la demolición de la casa vieja cuando apareció Diógenes García y me propuso que construyéramos en el terreno lindero que había pertenecido a su tío Eloy García y cuyo hotel se había quemado una mañana con el consiguiente peligro para nosotros. Yo debía cambiárselo por el mío. Yo le dije que como favor, no correspondía. Finalmente nos pusimos de acuerdo y a regañadientes construimos en el terreno vecino.

 

23-02-1967

 

En medio de todo este trajín, Wilhelm se enamoró, se comprometió y se caso con Suzi ¿? Smit, hija de Don Pedro Smit. Sin ninguna duda era bonita y su padre le regaló una fiesta de casamiento en el Playa Hotel que se convirtió en un acontecimiento social de Madryn. Una gran mesa en forma de herradura, bien puesta y provista, con mucha música. Julius Arlt se sentó inmediatamente al piano y Don Pedro Smit no se privó de contratar un conjunto de músicos gitanos que pasaba casualmente por la ciudad. Doña Anita Horzagaray, la madrina de Wilhelm, también se encontraba en Madryn con su marido. Se bailó mucho, fue un éxito rimbombante. La joven pareja pasó su luna de miel en Misiones, viajando en vapor desde Buenos Aires.

 

Cuando partieron de Madryn, su futura casa ya estaba en construcción en el terreno nuevo y según un plano que les había hecho Tito Cosentino. Cuando volvieron todavía faltaban unos 15 días para la terminación. Los pasaron en el Hotel Playa.

 

Entre tanto construíamos el nuevo edificio para el negocio: un salón de venta con trastienda anexa, lateralmente y hacia la medianera dos habitaciones con baño en el medio. Más tarde construimos para la familia Landa, una cocina y un espacioso ambiente que Landa usaba como dormitorio y más tarde nosotros usamos como comedor o living.

 

Al frente le dimos un aspecto apropiado: Louis James nos dibujó y el herrero de Trelew Ginzery nos hizo las letras de varillas de hierro de estilo Y.P.F.

 

La demolición de la casa vieja se había terminado, Las chapas y toda la madera fueron clasificadas y se vendieron enseguida.  Al final construimos la medianera que daba al terreno de ¿?, con lo cual se terminó este asunto.

 

Mutti ya había volado dos veces a Porto Alegre. Cuando fue la segunda vez, en 1940, justo había nacido Peterchen; Doris siguió en 1942. Todo parecía desarrollarse con felicidad a pesar que eran tiempos de guerra cuando se imputó injustificadamente un delito a Hans Christian Bertram. Sabemos que la policía es igual en otras partes: cualquier medio es bueno para obtener una confesión. La pasó mal y terminó finalmente en una isla-prisión en el golfo de Río de Janeiro, donde la alimentación naturalmente era completamente insuficiente. En cambio encontró allí compañeros de infortunio de todas clases.

Rudi voló a Porto Alegre, puso a Frida y los chicos en un avión y trajo las últimas pertenencias de vuelta por Uruguayana. Todo lo demás había sido secuestrado por la policía y no lo vimos más.

 

Fridita y los chicos vinieron con nosotros a Madryn. Wilhelm y Oma los fueron a buscar a San Antonio. Peterchen ya estaba crecido, pero Doris era muy chiquita y delgaducha y se me trepaba como un gatito, Todos estábamos contentos de que al menos tuvieran paz y tranquilidad con nosotros.

 

No debe haber pasado mucho tiempos hasta que un día la Oma se mareó estando delante de la cocina. El médico aventuró un infarto cardíaco.  Rudi y Rosi la vinieron a buscar, por el camino tuvieron que parar porque se sentía muy mal. Gracias a los amorosos cuidados de Rosi y Rudi y las prescripciones del Dr. Puchulu, se repuso, aunque pasaron varios meses. A fines de esta época fue que Rudi y Rosi alquilaron en la calle Montes Grandes.

 

En esa época yo había empezado a construir una ampliación en la casa de la playa: una gran cocina-living con lavadero y despensa anexos y otra habitación, todo con salida a una ancha galería. Todavía estábamos en plena construcción cundo volvió Oma.

 

No se cuánto tiempo puede haber pasado, pero Peter salió libre y Fridita y sus hijos volvieron a Brasil, esta vez a Novo Hamburgo. El Pastor Pommer les ayudó a buscar un alojamiento, pero al poco tiempo la persecución se hizo imposible de resistir. Fiti resolvió rápidamente venir a Buenos Aires en avión para conseguir un permiso de entrada al país para Peter y un permiso de salida para los chicos con la intervención de Walter Dornfeld y su suegro, hermano del presidente Farrel. Respiraron aliviados por haber podido salir del aprieto y poder reponer fuerzas, aunque fuera transitoriamente, en casa de la Sra. Klöckner, en Florida.

 

No pasó mucho tiempo hasta que todos se fueron a Madryn. Fiti aceptó un empleo en el hospital, que ocupó durante años, al final en carácter de Administradora Delegada. Peter volvió a ser él mismo, empezó a ocuparse de la pesca en Madryn y más tarde en el golfo de San José, hasta que finalmente obtuvo un empleo como contable en la empresa Diego Meyer & Cía. Por recomendación de Diego Meyer & Cía consiguió más tarde una representación de Orbis . Entre tanto se alojaban transitoriamente en una casa de propiedad de la viuda Simpson, hasta que consiguieron comprar el terreno de St?? y construyeron paso a paso, la casa propia.

 

01-03-1967

 

Nosotros mismos ya estábamos prácticamente fuera del negocio. Como sucesor de Landa, Wilhelm se había asociado con su cuñado Luisito Smit, mientras que nosotros pasábamos los veranos en Madryn y los inviernos en casa de la Sra. Klöckner, en Florida. La casualidad quiso que en uno de nuestros viajes al norte nos encontráramos con la Sra. Ada Varni en Puerto Lobos, en casa de su hermana Esther y la pudiéramos interesar en alquilarnos la casa de la playa durante el invierno. Se sentía muy cómoda allí y así fue como el verano siguiente se la vendimos con todos los chiches y totalmente amueblada, tal como estaba, a Alejandro Varni, a nombre de su esposa.

 

Por esa razón nos instalamos en el departamento que estaba detrás del negocio, donde pasamos muchos veranos más. En 1950, Rudi y Rosi nos dieron la sorpresa del departamento de Acasusso, listo para habitar, por lo que les quedamos profundamente agradecidos.

 

Desde aquí emprendimos en 1952 un viaje a Alemania, el primero que pudimos hacer juntos. Fue hermoso, muy hermoso, la vieja Patria con todos los recuerdos relacionados con ella y volver a ver a los seres queridos. De este viaje existía un diario y una docena de álbumes con fotografías y recuerdos.

 

 

Desde Florida ya habíamos hecho un viaje en invierno a Capilla del Monte, Córdoba. Otro año fuimos a Misiones y a Paraguay. Hay álbumes de ambos viajes.

 

En 1960 pudimos festejar nuestras bodas de oro. Rudi y Rosi nos dieron una hermosa fiesta, una fiesta realmente poco frecuente: habían invitado a todos nuestros viejos amigos y también a nuestros vecinos de la calle Belisario Roldán. Fiti y Peter vinieron desde Madryn. La Oma fue muy festejada. Nuestro Libro de Familia contiene todos los discursos y firmas de los presentes. Recordamos frecuentemente y con placer esta hermosa fiesta y esperamos y deseamos estar juntos algunos años más para llegar a los 60 años.

 

También fue hermoso el festejo de las bodas de plata de Fiti y Peter en Bariloche, donde se reunió toda la familia, incluyendo la pequeña Sandra de Doris-Horacio y la Susy de Peterchen quien aprovechó la oportunidad para presentarla a sus padres. Peter y Fiti habían encontrado un pequeño residencial en el camino a Llao-Lao, de un matrimonio danés,  que nos preparó una hermosa fiesta que debe haber transmitido a Peter y a Fiti una sensación de satisfacción y gratitud después de tantos años difíciles.

 

 

02.03.1967

 

Este viaje a Bariloche fue –hasta ahora- nuestros último viaje. Nos hemos puesto achacosos e impedidos. Oma está bastante bien, pero tiene que cuidarse, no debe hacer esfuerzos. Si bien su naturaleza y su actitud positiva le ayudan, tiene que tener cuidado con su corazón. A esto se agrega la penosa neuralgia del trigémino, consecuencia de herpes sostes que padeció hace 20 años, cuando todavía vivíamos en la casa de la playa y para lo cual no se ha encontrado remedio efectivo hasta ahora. Tampoco el nuevo medicamento Tegretal, que costó tanto conseguir, parece ser el apropiado. El 27.2 tomó media tableta, pero el efecto parece ser demasiado fuerte y afectar el corazón, por lo que deberá  limitar su administración. También puede haber influido que para el 28-2 estaba previsto que le sacaran sangre para un recuento de leucocitos y los consiguientes preparativos, así como la parte emocional.

 

En lo que se refiere a mi soy una persona torpedeada. La artrosis en la columna es incurable y muy probablemente, progresiva. Lo trágico de todo esto es que no debería haberme ocurrido, pues las radiografías de 1952 de Braunschweig lo mostraba perfectamente y el diagnóstico escrito decía expresamente spondylitis deformans (en griego “espondylos” son los diferentes huesos de la columna vertebral). Es increíble que en el departamento de reumatología de Braunschweig, que solicitó la radiografía, no se me haya alertado y no me hayan aconsejado, no solamente usar un corset apropiado,  sino también que cuidara la columna y no hiciera esfuerzos. Igualmente increíble es que todos los médicos de aquí, incluyendo el Prof. Dr. Ottolenghi, Titular de Ortopedia y Traumatología de la UBA me hayan tratado de una desviación de la columna y quisieran enyesarme. No me puedo entregar. Por eso todavía estoy en manos de los médicos, los que sólo me pueden tratar los síntomas de vejez.

 

He llegado prácticamente al final de mi crónica. Como complemento escribiré un epílogo a modo de prólogo y quizá agregue un relato sobre Puerto Madryn y la Patagonia y algunas reflexiones sobre mi vida.



[1] GRIMM: Mi hermano Hans aseguraba haber comprobado en base al documento genealógico (Ahnenpass) que los GRIMM procedían de Hunsrück (Alemania Central). Sin embargo, esto no impide que una buena cantidad de Grimm’ descansen en el cementerio de Ahrenbök y que el apellido sea corriente allí.

[2] Grebenhagen: Municipio de Ahrensbök, Distrito Ostholstein, Schleswig-Holstein

[3] Lebatz: Munic. Ahrensbök, Distrito Ostholstein, Schleswig-Holstein

[4] Curau:: Pueblo (barrio) Municipio Stockelsdorf, Distr. Ostholstein Schl.-Holstein

[5] Ahrensbök: Pueblo rural grande con mercado, Munic. Stockelsdorf, Distr. Ostholstein, Schl.-Holstein

[6] Lübeck: Ciudad Hanseática sobre el mar Báltico

[7] Eutin: Distrito lindante del de Lübeck con grandes lagos

[8] Bramfeld: Pueblo cerca de Hamburgo

[9] . Brammstedt: Distrito de Segeberg, Schl. Holstein

[10] La hermana de papá era parecida a nuestra hermana Minna. Sus rasgos también se manifestaron en Anne Marie Grimm, hija de mi hermano Otto.

[11] (Nota de la traductora)Obrrealschule: Escuela secundaria humanista sin latín, para acceder a carreras universitarias técnicas

[12] (N. d.T.)Según un derecho consuetudinario alemán, el campesino propietario de un terreno rural y su mujer tienen un cierto derecho de usufructo y manutención frente al hijo que se haga cargo legalmente de la propiedad y la explotación de la misma. Esta costumbre sigue vigente y es un antecedente valioso para la jubilación.

[13] Diario de viaje 1952, página 43/44. Album de viaje Nº 31:

 

“Silenciosamente me acerco a la tumba

      y pienso con lágrimas

 que aquí he perdido

 mi mayor felicidad terrena”

 

(Lautlos trete ich zum Grabe

und gedenk mit Tränenblick,

dass ich hier verloren habe

mein schönstes Erdenglück.)

[14] Tio August y tía Auguste también tuvieron dos hijas que trabajaban en Lübeck

[15] Dado que la abuela fue la última en morir, en 1913 y por lo tanto los derechos vencían en 1953, prorrogamos dichos derechos por otros 40 años y entregamos el recibo a la tía Auguste, en Haarberg.

[16] (N.d.T.) Kachelofen: chimenea cerrada revestida de azulejos, con banco adosado, el lugar más cálido de la casa.

[17] (N.d.T.) Realschule: Escuela media de 6 años a la que pueden asistir alumnos de la escuela pública. Posibilita el acceso a una formación profesional o escuela (técnica) universitaria.

[18] (N.d.T.) Johanneum: Escuela superior cristiana reformada humanística de gran tradición y exigencia, para hijos de la clase alta llamada “escuela de sabios”.

[19] (N.d.T.)Barmen-Elberfeldt, ahora Wuppertal, en el este de Rhenania

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